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la española

Un colmado como los que ya no quedan

 

Eva María Mañeru cortando el bacalao. - CHUS MARCHADOR

IVÁN TRIGO
18/01/2020

Azulejos, un mostrador de cristal para fiambre, botellas de vino en las estanterías, confitería vendida a granel, alguna foto antigua y una báscula sobre la barra. Todos estos elementos hacen inconfundible el entorno, y le dotan a La Española de una estética única: la que tenían las tiendas «de toda la vida». Este colmado tradicional, especializado en productos al por menor y latas de conserva, está situado a mitad de la calle Conde Aranda. Su actual regente, Eva María Mañeru, es la tercera generación de la familia que se pone al frente de este negocio. Lleva 27 años detrás del mostrador de La Española.

«Siempre recuerdo que de pequeños, mis hermanos y yo nos pasábamos aquí las tardes. Entonces era muy fácil conciliar porque te traías los hijos al trabajo», ríe Mañeru. La tienda la abrieron sus abuelos en la posguerra, en el 1943.

Desde entonces, esta tienda ha sobrevivido al tiempo, a las crisis y a la llegada de nuevos vecinos al barrio. Mañeru cuenta, que cuando al entorno de Conde Aranda comenzaron a llegar comunidades de inmigrantes, estos sí que compraban en la tienda. «Ahora compran en sus tiendas, pero ese no es el problema. El problema es que ha cambiado la forma de consumir y ahora todos vamos al súper. Pero contra eso no podemos luchar», explica.

«Dime Enrique, ¿qué te pongo?», pregunta Mañeru. Se conoce el nombre de casi todos sus clientes, que de media rondan los 70 años, calcula la tendera. El tal Enrique le pide bacalao. «Yo vengo casi todos los días. Es una bendición que sigan existiendo colmados como este», expresa el comprador. Eso sí, Mañeru tiene la impresión que cada vez más gente joven se acerca a este tipo de negocios tradicionales, pero no lo suficiente como para garantizarles la supevivencia.

«Mi hijos van por otros derroteros, no creo que cojan la tienda. A mí me quedan 15 años para jubilarme, así que tampoco pienso en el momento de irme, pero me dará pena. Claro». Cuando ella decidió trabajar en el negocio de sus padres sus hermanos la tacharon de «loca». Ahora, explica, está súper feliz: «A veces cuesta y se hace duro, pero estoy muy bien aquí. Espero que la situación aguante un tiempo más y pueda jubilarme aquí». Allí, donde siempre estuvo.

 
 
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