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reportaje

«Está abandonada»

La plaza Eduardo Ibarra y los alrededores del campo de fútbol se encuentran en mal estado

 

Pintadas en uno de los quioscos abandonados en la plaza Eduardo Ibarra. - CHUS MARCHADOR

Baldosas rotas entre el Cubo y el estadio de la Romareda. - CHUS MARCHADOR

IVÁN TRIGO
26/02/2020

La plaza Eduardo Ibarra tal y como se muestra ahora nació en el año 2008, y nació gafe. Tan solo cuatro meses después de su inauguración, las obras volvieron a este entorno para arreglar los sistemas de bombeo y filtración de las fuentes. De los cuatro quioscos que tiene la plaza, tan solo uno está abierto en la actualidad. Es el del Espacio Bebé, que ahora ha visto reducida su actividad debido a que el ayuntamiento le ha denegado las ayudas de las que disponía hasta ahora. En uno de los otros tres locales cuelga un cartel de «próxima apertura», mientras que los otros dos están vacíos y en muy mal estado de conservación.

La superficie total de la plaza es de 26.630 metros cuadrados. Mide 368 metros de largo y 66 de ancho. Bajo ella hay un párking, también infrautilizado, con más de 1.500 plazas de aparcamiento. Paseando por ella se hace evidente la falta de conservación del entorno: pintadas, basura en los estanques, césped que no crece, cristales rotos en los quioscos, pintura levantada...
«Estéticamente ya no me gusta. Esas farolas torcidas... Pero más allá de eso, la plaza está muerta y muy poco aprovechada. Están los cuatro columpios esos para los niños y ya está. Además está bastante sucia», aseguraba un vecino del barrio de nombre Juan Vicente.

En esos «cuatro columpios», dos mujeres jugaban con una pequeña. «No solemos venir por aquí, la verdad, pero si echas un primer vistazo sí que se ven descorchones en el suelo», decían.
Por su ubicación, la plaza Eduardo Ibarra debería de ser una plaza de referencia en la capital aragonesa, pero no ha conseguido convertirse más que en un lugar de paso para la gente que trabaja o transita por la zona. «Estoy esperando a que salga mi mujer de trabajar del hospital. La verdad es que no vengo nunca por aquí», decía un hombre en el párking situado entre el Miguel Servet y el estadio de La Romareda.

Entre los comerciantes de la zona la sensación se repite. Charo, que es dependienta en una floristería en el Audiorama, cuenta que cuando hace viento «se acumulan muchos plásticos en los rincones de la plaza». «Es muy grande y no sirve para nada», añade.

Luis Soler, del restaurante Rogelios, echa de menos el aprovechamiento de la plaza para otro tipo de usos que ahora no existen. «Podrían hacerse eventos culturales grandes o algo para darle vida. Ahora está abandonada, pero la reforma de La Romareda podría revitalizarla. Si se hace rápido y bien, nos vendrá muy bien a todos», concluye.

Baldosas rotas
Pero la reforma como pronto llegará en cuatro años, y hay otras partes del entorno del estadio que no pueden esperar. Entre el edificio del Cubo y el paseo de Isabel la Católica existen multitud de baldosas levantadas, mientras que en la calle Álvaro de Bazán, que sale de la calle Jerusalén, faltan muchos adoquines y la hierba ha crecido sin control. «Yo trabajo en el hospital y la verdad es que la zona está bastante mal. Cuando traigo a mi madre, que va en silla de ruedas, se hace muy incómodo transitar», explicaba una mujer mientras buscaba su coche.

La zona tiene elementos suficientes como para que su aspecto fuera otro: el hospital Miguel Servet, La Romareda, el parque José Antonio Labordeta, el Auditorio, e incluso un restaurante con estrella Michelín (el CanCook), pero la realidad es que desde que el proyecto de renovación del campo municipal de fútbol se truncara en el año 2008 la plaza no ha conseguido tener una entidad propia y convertirse en una atracción por sí misma. 

 
 
1 Comentario
01

Por Romaredano 10:32 - 27.02.2020

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La plaza de Eduardo Ibarra es un poco extraña. Primero, que la climatología de zaragoza no invita a estar en la calle más que los meses de septiembre y mayo. El mantenimiento y limpieza es trabajoso y continuo, limpiando los estanques que se ensucian de bolsas y papeles que el viento arrastra. Los locales que se abrieron con gran inversión por parte de los arrendatarios, una agencia de viajes y un bar-restaurante parrilla, tardaron poco en hundirse. Como el mercado Hípica, que nunca funcionó del todo y tenía fama de ser el más caro de Zaragoza. La población del barrio es mayoritariamente de edad muy avanzada. Se va imponiendo desde hace años, que la Romareda es el barrio ideal para gente de la tercera edad. Y se nota. La gente no suele gastar mucho dinero. ¡Hasta se acaba de cerrar el supermercado DIA de la calle San Francisco de Borja! Solo funcionan, y no del todo, los bares y terrazas junto al Rogelios, toda esa zona respira decadencia y salta a la vista que se vivieron mejores años, el otro mercado casi vacio, el jardín totalmente seco y con los árboles muertos…. Se lleva pidiendo, desde hace años, un centro de mayores. Se podría hacer en el convento de Jerusalén, pero, en el barrio se da por hecho, que lo derribarán en su mayor parte para edificar más residencias y otro hotel, (una lástima).La plaza en sí, es un lugar de paso, resulta poco acogedor y, muchos días, batida por el viento. Solo a la tarde se alegra con los críos en los columpios o con algunos patos despistados que se bañan frente al auditorio.

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