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JOSÉ CARLOS FUENTES | PSICÓLOGO FORENSE

«Las conductas antisociales pueden empezar a los 3 años»

 

José Carlos Fuertes Rocañín, psiquiatra forense. - chus marchador

L. M. G. / F. M. H.
11/02/2018

–¿Los adolescentes que agreden a sus padres son enfermos o psicópatas?

–No necesariamente tienen que ser ni lo uno ni lo otro. Un nutrido grupo de ellos son adolescentes mal educados, a los que se les ha permitido todo y a los que no se les han puesto límites. Un porcentaje más pequeño son trastornos incipientes de la personalidad e incluso alguno de ellos puede tener una enfermedad mental más grave, pero son los menos.

–¿A qué edad se puede desencadenar?

–Las conductas antisociales y agresivas pueden empezar a los 3 o 4 años e ir en aumento si no se pone remedio. Hay que tener siempre claro que la educación saludable empieza desde el mismo momento en que el niño viene al mundo y que si algo es siempre esencial es que exista coherencia entre lo que los padres dicen y hacen. También es muy importante saber poner límites y no aceptar los posibles chantajes del menor.

–¿Existe algún tipo de relación con el consumo de drogas?

–El consumo de drogas es un factor de primera magnitud en los malos tratos tanto del niño a los adultos como en los adultos entre sí. Esencialmente serán las drogas estimulantes (cocaína y anfetaminas unidas al alcohol) las que más frecuentemente se asocian a las conductas violentas, por su marcado efecto desinhibidor e incrementador de la prepotencia.

–¿Y con las nuevas tecnologías y el uso del móvil?

–El abuso y la dependencia de nuevas tecnologías no ha demostrado, por ahora, una influencia directa en conductas antisociales en adolescentes. Lo que sí sabemos es que en los menores el abuso o dependencia de las redes sociales y del teléfono móvil aumenta la introversión, el aislamiento y la falta de socialización, y todas estas si pueden influir a posteriori en conductas agresivas.

–¿Es un fenómeno nuevo?

–El maltrato de los hijos a los padres con la frecuencia e intensidad que está produciendo sí es un elemento nuevo. Son los pequeños dictadores como dice el antiguo defensor del menor Javier Urra.

–¿En qué tipo de familias sucede?

–No existe un perfil tipo, pero, sin duda, cuando los padres no son coherentes en sus decisiones se desautorizan el uno al otro. Cuando sus propias conductas son violentas, cuando consumen sustancias, o están ausentes del hogar demasiado tiempo. Todos estos factores y algunos más, son el caldo de cultivo para que tengamos en un futuro no lejano a un pequeño dictador.

–¿Qué tipo de agresiones existen?

–Es una escalada. Se empieza con amenazas verbales, insultos, coacciones para pasar a lesiones físicas con traumatismos severos que pueden llegar a producir fracturas, hematomas, e incluso un homicidio.

–¿Cuándo se cruza el límite y se pasa de la violencia verbal a la física?

–Cuando se le permite al adolescente hacerlo. Hay que cortar de raíz los primeros síntomas, si no después es mucho más difícil. Es como una infección que, si no se trata pronto con antibióticos o antinflamatorios, a lo peor tenemos que hacer una amputación unos días más tarde. Pues en este asunto ocurre algo parecido, si no ponemos orden pronto, mas tarde será imposible.

–Hace unos días un chico de 14 años mató a su hermano de 19. ¿Es lo menos común en relación con las agresiones hacia los padres?

–Es un hecho aislado y no debe verse como algo cotidiano. El que un adolescente llegue a producir la muerte de otra persona hay que verlo siempre y de entrada como una patología y una conducta anormal. Generalmente se asocia a graves trastornos de la personalidad, o aquellos que afectan al control de los impulsos severos. O cada vez con más frecuencia derivado de la influencia de sustancias (alcohol y estimulantes).

–¿Tienen hoy en día los jóvenes un problema con la autoridad? ¿Por qué el cambio?

–Efectivamente, tienen un gran problema con la autoridad porque se les está transmitiendo ese modelo de conducta. Se les enseña a que todo vale y que si quieren conseguir algo siempre lo tendrán y eso no es así. Es nuestra gran obra, querer no siempre es poder, y la cultura del esfuerzo y del tesón, lamentablemente, no está de moda.

–¿Cómo suele reaccionar el padre o la madre ante la amenaza violenta?

–Primero se lo toman a veces a broma, luego se asustan, posteriormente se preocupan, y es entonces cuando empiezan a buscar ayuda e intentan poner parches. Al final, en muchos casos, acaban soportando la conducta violenta con resignación para evitar escándalos, comentarios familiares, criticas, etc. Muy triste y además innecesario.

–¿Qué es lo que no hay que hacer?

–Creer que el tiempo todo lo cura, que son cosas de la edad, que solo es una conducta esporádica, que lo que pasa es que como al pobrecito le provocan salta, que como es mi hijo tengo que aguantar el maltrato. Incluso algunos se sienten culpables creyendo que son los únicos responsables de lo que está pasando. Una cosa es que haya habido un error y otra que se sea culpable.

–¿Es necesario que se denuncie? ¿Cuándo es el momento de decir basta?

–La primera vez que el hijo ejerce violencia física hay que denunciarlo a la Fiscalía. Nunca como en este caso el tiempo es oro. No tomar esta decisión lo que consigue es que el maltrato aumente. Desde mi experiencia como psiquiatra forense, no es contraproducente, puesto que no se trata de ir al juzgado ante cualquier discusión o pelea con un hijo, eso sería inadecuado. La línea roja es siempre la violencia física.