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40ª ANIVERSARIO DE LA CARTA MAGNA

Las madres de la Constitución

Las diputadas y senadoras llegaron a estar en casi todas las comisiones. Las parlamentarias de hace cuatro décadas fueron claves también en el texto

 

La Pasionaria y Rafael Alberti, en el Congreso. - QUECA CAMPILLO / TIEMPO

MIRIAM RUIZ CASTRO
07/12/2018

Hubo en tiempo en que todo era pionero. La libertad, el voto, los partidos... España se estrenaba en una fiesta, la de la democracia, que abrió a unos y otros las puertas del Congreso. Santiago Carrillo, Felipe González, Adolfo Suárez, Manuel Fraga o Leopoldo Calvo-Sotelo. Todos ellos escribieron la transición a la democracia y la historia les reconoce su papel primigenio. Pero en la España de 1977 también hubo pioneras. Soledad, María Teresa, Dolores, Belén, Juana, Mercedes... Así hasta 27, apenas el 5%.

Son las constituyentes, diputadas y senadoras cuyos nombres rara vez ocupaban los titulares de la época y que, sin embargo, fueron el mayor síntoma de cómo iban a cambiar los tiempos. Pioneras entre todas las pioneras que vendrían después.

Eran tiempos en que las mujeres necesitaban permiso marital para abrirse una cuenta y no podían participar en la patria potestad de sus hijos. El adulterio se castigaba con una pena de multa para ellos pero a ellas las mandaba a la cárcel. Las mujeres habían estado apartadas de la vida pública, pero vieron en la democracia la oportunidad de abrir hueco. Los partidos las querían en sus listas, aunque solo fuera por una cuestión estética.

«Deseaba que España fuera un país donde se viviera con democracia y libertad. Y que en ese cambio las mujeres no estuviéramos tan limitadas como yo lo había estado», cuenta María Teresa Revilla, exdiputada de UCD. Como ella, muchas se estrenaban en política, pero otras ya acumulaban experiencia, como la senadora Belén Landáburu, que había sido consejera nacional del Movimiento durante la dictadura y fue la única voz femenina en la ponencia de la Ley de Reforma Política.

Recuerda Revilla que el día de la sesión constituyente, pese a ser pleno julio, hacía demasiado frío en el hemiciclo. Dolores Ibárruri, la Pasionaria, le aconsejó: «Es que aquí hay que venir con una chaquetilla». «Era encantadora, con la de cosas que yo había leído de ella…», recuerda entre risas. La Pasionaria fue uno de los emblemas de la época que se abría: era mujer y comunista. Su imagen bajando al escaño agarrada del brazo de Rafael Alberti ya forma parte de la memoria colectiva.

Tres de las parlamentarias venían del movimiento feminista. Las socialistas Carlota Bustelo y Asunción Cruañes, ya fallecida, y la catalana Dolors Calvet, del PSUC. Todas ellas centraron sus esfuerzos en ampliar los derechos de las mujeres consagrados en la Constitución. Un texto en cuya redacción no participaron directamente: fueron siete hombres los ponentes, los padres de la Constitución, y en la comisión que elaboró los trabajos solo hubo una mujer, Revilla, entre sus 39 miembros.

Pero las constituyentes también dejaron su impronta, y no solo en el artículo 14, que recoge igualdad ante la ley y la no discriminación por sexos. El derecho a la educación, del artículo 27, tuvo sello femenino gracias al trabajo de Marta Mata, socialista catalana o Rosina Lajo, del PSC.

Otra socialista, María Izquierdo, centró gran parte de sus esfuerzos en el terreno educativo. Por su parte, la comunista Pilar Brabo defendió la enmienda de su partido acerca del control parlamentario sobre la radio y la televisión públicas y pidió que se retransmitieran los debates sobre el texto en La 2. En la Cámara alta, Landáburu logró incluir la igualdad jurídica en el matrimonio.

A la mayoría las colocaron en las comisiones de Educación, Sanidad o Cultura. Como a Soledad Becerril, asidua en esto de ser pionera: en 1981 se convirtió en la primera ministra, y en el 2012 fue la primera Defensora del Pueblo.

«Les dije a las mujeres de mi partido que estuvieran en los que no eran asuntos femeninos, como la comisión de Hacienda o de Exteriores. No estábamos allí como mujeres, sino para ser un diputado más», insiste Revilla. Y lo cierto es que estuvieron en la mayoría de comisiones. La socialista Carmen García Bloise, en la de Economía y Hacienda, la de Presupuestos y la de Gobierno interior; Mercedes Moll, de UCD, en las de Defensa, Justicia o Presidencia; su compañera de partido, Dolores Blanca, catedrática de Ciencias, en la de Industria y Energía, y Elena María Moreno, empleada de banca, fue vocal en la de Trabajo.

En el Congreso también hubo una «ama de casa», Inmaculada Sabater. A los 12 años dejó el colegio y empezó a trabajar en una fábrica de calzado. Llegó al Parlamento de la mano del PSOE, aunque lo dejó en poco más de un año. Y en el Senado ocupó un escaño Gloria Begué, la primera mujer catedrática de todas las facultades de Derecho. También fue la primera magistrada del Tribunal Constitucional (TC) y la primera en ocupar la vicepresidencia. Otra pionera.

En la legislatura constituyente lograron representación 12 partidos, pero solo cuatro tenían mujeres en la Cámara baja. En el Senado, tres de las 12 fuerzas contaban con féminas en sus filas. Fueron 27. Las constituyentes. Mujeres y pioneras.