El cuerpo sin vida del expresidente de Caja Madrid Miguel Blesa fue hallado ayer a primera hora de la mañana en la finca Puerto del Toro, en Villanueva del Rey (Córdoba), con un disparo en el pecho efectuado por un rifle de caza. Los primeros indicios, todavía pendientes de la confirmación de la autopsia que se realizará hoy, apuntan a que el exbanquero que reinó en la cima de la España del pelotazo se habría suicidado con su propia arma.

Blesa, a punto de cumplir los 70 años el próximo 8 de agosto, cayó del olimpo del poder al ostracismo absoluto en los últimos años. Se convirtió para muchos, junto a Rodrigo Rato, en el mayor símbolo de los excesos del sector financiero y de su connivencia con la política que llevó a la desaparición de las cajas de ahorros, al rescate de España y a la peor crisis económica de la democracia. En los últimos tiempos sus amigos políticos de toda la vida le dieron la espalda y el mundo de las finanzas lo marginó. Ayer, el Partido Popular se limitó a trasladar sus discretas condolencias a la familia del que presidió entre 1996 y el 2010 la conocida como caja del PP. El mundo financiero mantuvo un silencio sepulcral. Sus últimas apariciones públicas fueron siempre entrando y saliendo de los juzgados al grito de «¡ladrón!».

Blesa había sido condenado a finales de febrero por la Audiencia Nacional a seis años de cárcel por el uso de las tarjetas black de Caja Madrid, con las que gastó 436.688 euros en todo tipo de lujos cuyos detalles llenaron las páginas de los periódicos. No había entrado en prisión porque la sentencia todavía no era firme y el juez rechazó su ingreso como medida cautelar. Él mismo afirmó tras conocer el fallo que lo afrontaba «sereno» y con plena confianza en que el Tribunal Supremo revocaría su condena.

Sus allegados destacan que Blesa era una persona fuerte, que afrontaba con entereza cualquier contratiempo. Sin embargo, se le acumulaban los frentes judiciales: era inminente la apertura del juicio oral por administración desleal continuada por los sobresueldos de Caja Madrid, delitos por los que el fiscal solicitaba cuatro años de prisión.

Blesa fue en el 2013 el primer banquero de la crisis que entró en la cárcel por decisión del juez Elpidio Silva en una investigación por la compra de un banco en Florida por parte de Caja Madrid. La imagen de Blesa visiblemente desmejorado, sin gomina y con unas bolsas de plástico en la mano para transportar sus enseres marcó el inicio de su declive. Su ingreso en prisión duró tan solo días, pero obligó a posponer cinco meses su boda con Gema Gámez, a quien conoció cuando ella trabajaba en la división del mercado de capitales de caja y con la que seguía casado.

AMIGO DE AZNAR/ Compañero de pupitre de José María Aznar, accedió a la presidencia de Caja Madrid el 11 de septiembre de 1996 de la mano de su amigo. Una de sus primeras decisiones al frente de la entidad fue la compra de una de las torres KIO por 16.000 millones de las antiguas pesetas. Ese gesto ya anticipó la ambición que siempre le distinguió al frente de la entidad.

Blesa fue el artífice de la expansión de Caja Madrid y se prestó a que la entidad comprara participaciones en empresas como Endesa o Iberia siendo el brazo financiero del PP en operaciones consideradas de Estado. Con el apoyo de Alberto Ruiz-Gallardón, fue reelegido presidente de Caja Madrid en 1999 y 2003. Sin embargo, a finales del 2008, Esperanza Aguirre libró un pulso para imponer a Ignacio González como presidente. Aguirre acabó aceptando a Rodrigo Rato, que relevó a Blesa en la presidencia de la caja y la condujo a la fusión con Bancaja y a la salida a bolsa.

Precisamente, hoy se cumplen seis años desde que el banco debutó en bolsa con consecuencias fatales para la economía española, que tuvo que pedir un rescate financiero a Europa. En su último balance, el Banco de España da por perdidos 60.613 millones de euros en ayudas a la banca, el 78% del total. Solo Bankia, heredera de Caja Madrid, recibió 22.424 millones de euros.