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¿Dónde se ha metido?

Lole Montoya, ni el oro ni la plata

 

Lole Montoya, ni el oro ni la plata -

16/08/2005

Para desconcierto de los eruditos del arte jondo, mientras Lole y Manuel sembraron la semilla del nuevo flamenco, su estilo vocal apenas ha tenido dignos continuadores. "No sé a qué es debido", confiesa Lole con la incredulidad de quien raramente ha pensado en ello. "Quizá es que no saben hacerlo, digo yo, porque aunque desde fuera parezca una forma de cantar muy sencilla, no es nada fácil de conseguir".

Dicen que su primera ruptura terminó como el rosario de aurora. En el sentido más extenso de la expresión: mientras ella abrazó el fervor religioso, Manuel Molina continuó su bohemio estilo de vida. Las aguas se calmaron, pero su regreso terminó antes de lo esperado, hace casi una década.

A los 50 años, Lole Montoya luce una radiante madurez física. Se diría que todos los años que el envejecido Manuel parece tener de más, ella los tenga de menos. Hace tiempo que sus conciertos han dejado de parecer homilías proselitistas. "Termino a veces con un tema gospel, pero como un añadido", dice Lole. "Actualmente canto piezas de toda mi trayectoria". Y de su nuevo disco, porque aunque pocos se hayan enterado, el pasado año publicó un hermoso segundo trabajo en solitario, Ni el oro ni la plata.

Evidentemente no ha sido disco de oro ni de platino. Y no porque no lo merezca. En él retoma sus devaneos arábicos, rescata un poema inédito de su primer letrista (el desaparecido Juan Manuel Flores) e incluso ha contado con la colaboración de su expareja artística y sentimental. "La verdad es que me costó convencerle. Manuel se hizo de rogar, al principio no quería". Ni ella quiere comentar nada sobre la posibilidad de una nueva reunificación.

Ni el oro ni la plata . Ni siquiera el más mínimo royalty. "Después de haberlo sacado adelante yo sola y asumir toda la producción, un tal Salvador Colón lo vendió a una distribuidora por diez millones de pesetas de los que nada se supo. Se los debió de quedar él, pues ni coge el teléfono".

Ella misma intentó promocionarlo, llamando personalmente a los medios de comunicación para estupefacción de sus redactores. Y tampoco fue mucho mejor su relación con determinados representantes. "Hay gente que sólo pretende beneficiarse de tu nombre y a ellos no los conocen ni en su casa. Se ponen a vender arte cuando deberían estar vendiendo papas y tomates". Igualmente, sigue escribiendo canciones. No tiene sello discográfico que la respalde, pero si artístico: su voz de oscuro magnetismo y clara dicción mantiene todavía un misterio que nadie ha logrado desentrañar. LUIS TROQUEL