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La opinión de Urtasun: La dictadura de lo sano

La dieta mediterránea siempre ha sido parte de la gastronomía española.

Detecta uno, de forma cada vez más preocupante, una tendencia a que el Estado nos explique qué es y qué no es sano, especialmente en el campo de alimentación, induciéndonos, cuando no obligándonos, a llevar una vida más saludable.

Perfecto. La Organización Mundial de la Salud (OMS) viene a decir, más o menos, que "la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades". Es decir que atiende a todos los ámbitos de la vida humana, desde un alojamiento digno, una energía asequible, hasta un trabajo bien retribuido, asuntos al parecer más complicados de resolver.

Nada tenemos en contra de que se auspicie y recomiende una alimentación más saludable a nuestros congéneres; al revés. Pero puede ocurrir que cierto buenismo izquierdista resulte contraproducente a la hora de lograr los objetivos previstos, comer mejor.

Pues en todos estos discursos sobre la alimentación saludable priman –mal hecho– las composiciones nutricionales, como si a nuestros abuelos, esos que sí practicaban la dieta mediterránea, que es de pobres, les importara; se incide en futuros problemas de salud, obesidad, diabetes, alergias, lo que también es cierto; e incluso se alude a los problemas medioambientales de nuestro planeta, acrecentados por este modelo alimentario, que impone desplazar los alimentos en eternos y largos viajes de ida y vuelta.

Pero falta lo más importante, el placer de comer. La alegría palatal de disfrutar de un tomate recién recolectado con un poco de un buen aceite de oliva virgen extra –que debería llamarse simplemente aceite de oliva, para no volvernos locos–, que no resulta incompatible con una buena chuleta a la brasa, por más que sea potencialmente cancerígena.

Nos olvidamos de la alegría de vivir. Probablemente el alcohol sea nocivo en cualquier cantidad, pero el placer de degustar una –o dos, o tres– copas de vino, combina el riesgo. Vivir es lo arriesgado, ya que la muerte o la enfermedad siempre acechan. Así que, al menos, vivamos con alegría que también las acelgas proporcionan amplias satisfacciones palatales. Sea.

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