Con este puente-acueducto se despiden los eventos gastronómicos que tan ocupados nos han tenido a los plumillas y aficionados. Ya se ha escrito bastantes veces, pero no está de más recordar que hay que repensar y coordinar este modelo de programación que, sostiene el firmante, ahuyenta clientes más que acrecentarlos. Incluida la imposibilidad de física de asistir a cuantas llamadas coinciden en el tiempo.

Buen momento para aprovechar las energías y repensar qué hacer con nuestra gastronomía, que no es tan excelsa y conocida, como proclaman algunos, ni tan oscura y vulgar como proclaman otros. Es la que es, probablemente la única que sostiene la clientela autóctona.

Porque, sí, nos falta desarrollar establecimientos que se vendan al exterior, que atraigan clientes al calor de sus propuestas culinarias y líquidas. Los hemos tenido históricamente en Zaragoza y Huesca, Y son ya varios quienes, al calor del AVE, tienen más clientes de fuera que de casa. Comer alta cocina en la capital aragonesa sale a cuenta, y son cada vez más los madrileños y catalanes que lo saben y practican.

En la nieve y la montaña

La nieve y la montaña siguen siendo una oportunidad para aprovechar. A su vera han surgido algunos de los mejores y más reconocidos establecimientos de Aragón, pero todavía son pocos. Hacen falta más y que generen mayor ruido.

Igual que la trufa. Por supuesto, somos los mayores productores del mundo, que es adonde se va el tesoro subterráneo de nuestras tres provincias. Escasos son los restaurantes que han hecho del también llamado oro negro su emblema: sobran los dedos de una mano. E, indudablemente, es un reclamo para consumidores entrenados en exigir calidad, sin regatear en el precio.

Hay más mimbres para tejer, pero basten los citados, para que reflexionen los que deben. Desde los medios podemos, tenemos la obligación, sugerir y opinar. Pero son otros quienes deber actuar: unos arriesgando su trabajo y patrimonio en sus establecimientos, y los otros, con dinero de todos, apoyando al sector de una forma estratégica, no táctica, por más que se avecinen elecciones.