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La opinión de Urtasun: ¿Por qué? ¿Para qué?

Probablemente tengamos, especialmente en Zaragoza, lo que nos merecemos como público

Mesa de un restaurante.

Mesa de un restaurante. / Pixabay

José Miguel Martínez Urtasun

José Miguel Martínez Urtasun

ZARAGOZA

Remedando a aquel crítico teatral: «Han abierto un nuevo bar o restaurante. ¿Por qué? ¿Para qué?». Es cierto que han cerrado muchos establecimientos, especialmente en Zaragoza, pues no resulta sencillo encontrar relevos tras la jubilación. Conocimiento y cultura que se pierde para siempre.

Sin embargo, siguiendo el tópico, parece que cualquiera que se encuentre sin trabajo o desee invertir pueda ser hostelero. Lo demuestra el alto número de locales, sin apenas personalidad, que pueblan nuestras calles, del centro y de los barrios. Que copian fórmulas, imitan a los que creen exitosos, se documentan a través de internet y, lamentablemente, no cuentan con una clientela, más o menos entrenada en la gastronomía, que pueda enmendarles el rumbo.

Una enchilada de verdad

Por supuesto que en esta economía libre de mercado cualquiera puede emprender un negocio, si la Administración no se lo impide. Pero como cliente, quizá ya viejuno, el firmante se aburre, se decepciona ante ese nuevo local, profusamente anunciado, gracias a redes y gabinetes diversos. Y suspira por una gamba Orly recién hecha, unas mollejas bien confitadas o una enchilada de verdad, que para todo hay tiempo y espacio.

Probablemente tengamos, especialmente en Zaragoza, lo que nos merecemos como público. A pesar de brillantes y abundantes excepciones, nuestra hostelería se va deslizando hacia la vulgaridad y una oferta uniforme y plana. No se trata de ser geniales ‒pocos los hay en esto de la cocina‒, pero sí aprovechar la excelente despensa aragonesa, española y mundial, que de todo tiene que haber.

Nos da igual que la cocina sea tradicional, actualizada o radicalmente tecnológica. Pues para tomar un pincho de tortilla reseco y olvidado bajo la vitrina de la barra, la hacemos en casa o las compramos en el supermercado, que la industria sí se ha puesto las pilas.

Son las emociones, estúpido, seguimos remedando. No vamos al restaurante para alimentarnos, que ya lo hacemos en casa. Lo hacemos para disfrutar y relacionarnos.

¿Por qué abrió? ¿Para qué?

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