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La opinión de Urtasun: Formarse

Por supuesto que hay que seguir conformando profesionales que dominen las bases del oficio hostelero, pero sin descuidar la de alto nivel

La magia de la gastronomía cumple 20 años. HUESCA LA MAGIA

Hace veinte años no era tan habitual organizar talleres de gastronomía especializados y de elevado nivel, más allá de algún denominado congreso. Hoy, la verdad, tampoco. De ahí que haya que celebrar la pervivencia de los talleres Huesca La magia de la gastronomía, por los que han pasado más de 6.000 asistentes a lo largo de 140 sesiones, incluidos los viajes para descubrir los más interesantes restaurantes españoles.

Y para celebrarlo nada mejor que la magnífica comida que elaboró el pasado martes para clausurar esta edición. La maestría de Javier Matinero y su equipo en la cocina, así como el de Natalia Gracia en la sala, demostraron a los asistentes que es posible combinar una cocina de alta calidad vinculada a los productos del entorno, sin perder de vista las nuevas técnicas y las cocinas emergentes. Es lo que hacen en Trasiego, Barbastro, cotidianamente y en otros establecimientos de la provincia.

Contra diferentes elementos

Fueron Ángel Mas y José Antonio Pérez, entonces responsables de la asociación oscense de hostelería quienes los impulsaron y rápidamente lograron el apoyo de instituciones, especialmente la Diputación de Huesca, y diferentes patrocinadores. Los siguientes responsables, obviamente, continuaron con dicha tarea, en ocasiones luchando contra diferentes elementos, entre ellos la indiferencia.

No hay una única respuesta para explicar por qué la gastronomía está tan desarrollada a lo largo de todo el Alto Aragón, pero la existencia de este hecho es, sin duda, una de ellas. Pues el formato, además de favorecer la formación con los mejores, propicia el encuentro entre los profesionales de la provincia ‒y del resto de Aragón, si así lo desean‒, imprescindible a la hora de conformar frentes globales.

Por supuesto que hay que seguir conformando profesionales que dominen las bases del oficio hostelero, pero sin descuidar la de alto nivel. Pues son precisamente los restaurantes punteros quienes tiran del sector, sirven de ejemplo y estimulan al resto para mejorar. Y sus asociaciones, las únicas entidades capaces de entender en cada momento sus necesidades, con esa agilidad de la que carece la enseñanza reglada.

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