BODEGAS
Aragón, vinos con alma para compartir en la mesa
Cada botella describe un paisaje y cada copa es un viaje sensorial de matices, carácter y personalidad, que reflejan un territorio de contrastes y una larga tradición del sector vinícola

Los vinos aragoneses evocan historias y paisajes que acimpañarán los brindis en las mesas durante las celebraciones navideñas. / FREEPIK
EL PERIÓDICO DE ARAGÓN
Cuando llegan las Navidades, la mesa se transforma en un auténtico festín donde cada plato busca el mejor maridaje perfecto. En Aragón, tierra de contrastes y de profunda tradición vitivinícola, los vinos se convierten en los mejores aliados de un recorrido sensorial único, capaces de realzar los productos y sabores que dan identidad a estas fechas. De los viñedos aragoneses nacen vinos tintos, blancos, rosados y cavas elaborados con pasión y dedicación, cuyo fruto es el reconocimiento y la admiración de quienes los disfrutan.
El vino es uno de los alimentos con mayor número de figuras de calidad, con seis denominaciones de origen (DO) y seis indicaciones geográficas protegidas (IGP) en Aragón. Cuenta con cuatro DO -Campo de Borja, Calatayud, Cariñena y Somontano- y otras dos de pago con características propias, ecológicas y sostenibles: Aylés, en Mezalocha; y Urbezo, en Cariñena. Hay una séptima que está en camino: los vinos de la zona de influencia del Matarraña están cada vez más cerca de tener su propio sello.
Además, los Vinos de la Tierra de Aragón son un tipo de vino que, bajo la normativa europea, se clasifican como IGP, un sello que garantiza que el vino procede de una zona geográfica delimitada, siendo menos restrictivo que las denominaciones de origen y permitiendo más flexibilidad en la elaboración. Aragón tiene acreditadas las del Bajo Aragón, Ribera del Jiloca, Valdejalón, Valle del Cinca, Ribera del Queiles y Ribera del Gállego-Cinco Villas. Respecto a la DO Cava, la producción se concentra en los municipios de Ainzón, Calatayud y Cariñena.
Calidad, trayectoria y diversidad son la mejor carta de presentación y el denominador común de unos caldos ricos en matices, contrastes y personalidad. Por ello, además de los alimentos aragoneses, si algo no puede faltar en las mesas estas fiestas son los vinos y cavas de la tierra para regar y potenciar los mejores sabores de nuestra despensa en buena compañía con la familia y los amigos.
Aragón puede presumir de contar con vinos atractivos y conocidos en el mercado nacional e internacional, al nivel de otros vinos españoles y europeos. De ahí los reconocimientos que han ido obteniendo en los últimos años entre los consumidores, críticos gastronómicos y concursos internacionales. Desde algunas denominaciones apuntan que los hábitos de consumo han cambiado y ya no se bebe tanto como antes. Se bebe en momentos especiales y celebraciones, y el consumidor está dispuesto a pagar más. Hay vinos frescos y aromáticos, capaces de gustar a ese público y a los jóvenes.
La garnacha es una de las señas de identidad en Aragón. En el Campo de Borja, esta variedad alcanza su madurez excepcional, dando lugar a tintos expresivos e intensos pero equilibrados. En Calatayud predominan los tintos potentes de garnacha vieja, una uva que encuentra en sus suelos pedregosos una expresión particularmente concentrada y aromática. En Cariñena, una de las denominaciones más antiguas de España, el paisaje de las viñas viejas convive con proyectos jóvenes que reinterpretan la tradición y donde destacan los tintos de garnacha y cariñena. Y Somontano sigue consolidándose como un territorio innovador a través de sus blancos de chardonnay y gewüztraminer y tintos elaborados con variedades autóctonas y foráneas.
El vino, vertebrador del territorio
Con los vinos aragoneses no solo se elige un producto de calidad sino también se apoya un sector, el vitivinícola, que además de por su gran arraigo es un elemento esencial en la vertebración del territorio, el asentamiento de población y el desarrollo económico en el medio rural. Es el tercer exportador del sector agroalimentario y el más pionero y diversificado en cuanto a mercados internacionales.
Aragón cuenta con más de 28.000 hectáreas de cultivo de vid, que el año pasado alcanzaron una producción de casi 108 millones de kilos de uva y que se tradujeron en cerca de 80 millones de litros de vino. Este sector supone en torno al 1,5% del PIB de la comunidad, un impacto económico de más de 105 millones de euros, más 11.700 puestos de trabajo y más de 4.000 familias ligadas a este sector.
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