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Entrevista | Conchita Polo Influencer culinaria

Conchita Polo, influencer culinaria: "La materia prima aragonesa es excepcional, tenemos cosas muy buenas que no debemos pasar por alto"

Es una de las caras visible de Maximiliana, la aplicación aragonesa que ayuda a los más mayores a entenderse con las nuevas tecnologías

Conchita Polo se ha convertido en ‘influencer’ al ser una de las caras visibles de Maximiliana, la marca aragonesa que ayuda a los más mayores a entenderse con las nuevas tecnologías.

Conchita Polo se ha convertido en ‘influencer’ al ser una de las caras visibles de Maximiliana, la marca aragonesa que ayuda a los más mayores a entenderse con las nuevas tecnologías. / CARLA GREENWOOD

Rebeca Magallón

Rebeca Magallón

Zaragoza

De la noche a la mañana, Conchita Polo se ha convertido en influencer. Ella es una de las caras visible de Maximiliana, la aplicación aragonesa que ayuda a los más mayores a entenderse con las nuevas tecnologías y solo en Instagram tiene más de 156.000 seguidores.

PREGUNTA: ¿Cómo se vivía la Navidad en su casa cuando era joven?

RESPUESTA: Lo primero que me viene a la cabeza es que ahora faltan muchos en la mesa y eso da mucha tristeza, pero cuando empiezan a llegar los niños, te quitan esa tristeza, te alegran y llenan los huecos de los que se han ido.

PREGUNTA: ¿Tenían alguna tradición familiar que se haya mantenido y que usted también haya transmitido a sus hijos o a sus nietos?

RESPUESTA: La Navidad ha cambiado mucho con el paso de los años. Yo, de niña, nunca puse un abeto, porque lo que se ponía era el Niño Jesús. Pero recuerdo con mucho cariño el primer árbol de Navidad: tendría unos 17 o 18 años y compramos uno natural. Claro, al año siguiente se había secado, pero la economía no nos daba para comprar otro. Entonces mi marido —que por entonces todavía era mi novio— compró papel pinocho. Lo cortamos en tiras y forramos todas las ramas viejas del árbol y colgamos las bolas de Navidad. Ese árbol nos duró varios años.También guardo un recuerdo muy divertido de una Nochebuena. Estábamos muchos de la familia en casa y las mujeres cocinábamos la cena mientras los más mayores se fueron a comprar. Trajeron unas sardinas de cubo y, siendo alrededor de las ocho de la tarde, empezamos a comerlas a tiritas. Entre tiras de sardinas y la bota de vino casi se nos pasó la Nochebuena sin cenar, porque cuando nos sentamos a la mesa ya no teníamos casi hambre. Fue un momento muy divertido y bonito.

PREGUNTA: ¿Qué recetas le recuerdan a su infancia en estas fechas?

RESPUESTA: Recuerdo que, de pequeña, como eran años de posguerra, no había de todo, no sobraba nada. La verdura era más fácil de conseguir, pero yo pedía ensaladilla rusa y tenía que llevar gambas. Me hacía muchísima ilusión verla en la mesa en estas fechas, porque no era algo que se pudiera comer diariamente.

P: ¿Qué platos o recetas asocia usted a la Navidad?

R: El cardo con almendras. Se hace una salsita con ajo, un poquito de harina, unas almendras laminadas y un poco del caldo del cardo, y está buenísimo. Para cenar es un plato muy bueno. De segundo sería el besugo, pero ahora está muy caro; así que, aprovechando que estamos en Aragón, lo podríamos cambiar por unas truchas. Si se guisan bien, son toda una delicia. De postre, guirlache, aunque también podríamos incluir unos crespillos.

Y el día de Navidad no puede faltar el ternasco.

P: En estas recetas tan queridas por todos, no pueden faltar en la cocina los productos aragoneses, ¿cierto?

R: La materia prima aragonesa es excepcional, tenemos cosas muy buenas que no debemos pasar por alto. Si nos bajamos a Teruel encontramos la trufa: no hay en ningún sitio una trufa como la de aquí, y tampoco un azafrán como el nuestro.

Si nos subimos a Huesca, los dulces son de quitarse el sombrero. En Zaragoza tenemos la cebolla de Fuentes, que es de denominación de origen y una especie protegida. No hay ninguna como ella, porque es crujiente, es suave y, al no ser rica en azufre, no pica.

Tenemos mucha variedad y todo muy bueno.

P: En la cocina, ¿le gusta innovar o prefiere las recetas tradicionales?

R: Yo prefiero las recetas tradicionales, pero de vez en cuando hago algo distinto, innovo un poco. Me gusta probar recetas nuevas, adaptar las que ya tengo, mejorarlas con alguna novedad.

P: En su familia, ¿son más de juntarse en casa o de salir a comer fuera en Navidad?

R: Somos más de comer en casa. Preferimos una Navidad más tradicional, en la que juntarnos todos en un mismo sitio.

P: ¿Sigue cocinando usted en Navidad o ya ha pasado el delantal?

R: Sigo cocinando yo. Lo que pasa es que ahora somos muy pocos; antes era más habitual juntarse con la familia política y todos los primos. Ahora las reuniones son más pequeñas y no se invierte tanto tiempo en la comida.

P: Aunque no sean muchos, en estas fechas siempre se cocina de más. ¿Tienen algún plan para aprovechar la comida que sobra?

R: En mi casa no se tira nada. Por ejemplo, una buena idea es hacer un caldo o un consomé, que nunca viene mal con el frío de la Navidad. Si sobran verduras, hago un puré, y con la carne preparo unas buenas croquetas. También suelo hacer ropa vieja, con pimiento, tomate y la carne desmenuzada. Ya le digo que no se tira nada.

P: Si tuviera que resumir la Navidad en un aroma, ¿cuál sería?

R: Yo diría el de un asado, un buen asado con sus ‘pataticas’. Creo que es un recuerdo muy navideño: entrar a casa de un familiar y que le reciba ese olor a asado.

P: Como ‘influencer’ culinaria, ¿tiene preparado algún vídeo especial para sus redes sociales en Navidad?

R: Algo tengo… Por estas fechas me suelen pedir bastantes recetas. Pensaré en algo que lleve sus ciruelas, sus nueces, sus pasas, que es muy típico de Navidad, y que además sea económico. Por ejemplo, un solomillo de cerdo, que no es caro, se puede guisar divinamente con sus pasas, sus nueces, y le da un aire muy bueno a la Navidad. Eso para el segundo plato. Y de primero, seguimos con el cardo. Las tradiciones son tradiciones por algo: es algo que nos gusta y nos hace sentir bien.

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