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'La casa de la pradera' (Netflix): formalmente cuidada, racialmente justa y casi más sensible que sensiblera

Sin dejar de ser un orgulloso culebrón, esta nueva adaptación de los libros de Laura Ingalls Wilder plantea ideas estéticas y éticas nada desdeñables

Una imagen promocional de la nueva 'La casa de la pradera'

Una imagen promocional de la nueva 'La casa de la pradera' / Netflix

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Juan Manuel Freire

'La casa de la pradera'

Creadora: Rebecca Sonnenshine 

Dirección: Sarah Adina Smith, Julie Anne Robinson, Kat Candler 

Reparto: Alice Halsey, Luke Bracey, Crosby Fitzgerald, Skywalker Hughes

País: Estados Unidos

Duración: 8 episodios 

Año: 2026

Género: Drama familiar

Estreno: 9 de julio de 2026 (Netflix)

★★★

'La casa de la pradera', versión 2026, es a la vez un intento de reverdecer la nostalgia y un ejercicio de revisión que igual solivianta a los puristas de Laura Ingalls Wilder. Todo arranca en territorio familiar en más de un sentido: escuchamos la voz en off de la Laura ficcional (aquí una maravillosa Alice Halsey) recordando el tránsito de su familia de su vieja vida a la nueva, de su casa en el Gran Bosque de Wisconsin a los terrenos por reclamar del Oeste. Pero, poco a poco, la 'showrunner' Rebecca Sonnenshine marca distancias tanto con los libros originales como, sobre todo, con la famosa adaptación de los 70 y 80 capitaneada por Michael Landon.  

De entrada, donde el patriarca interpretado por el propio Landon podía ejercer su autoridad moral con virulencia de predicador desatado, el que interpreta aquí Luke Bracey (el mánager Jerry Schilling de 'Elvis') muestra una masculinidad más vulnerable. Su mujer, Caroline (Crosby Fitzgerald, vista en 'Palm Royale'), combina la antigua devoción con un talante ligeramente más asertivo y proactivo. "Yo elegí venir", deja claro a su marido y al público sobre la aventura familiar. "Dije que sí porque creo en ti", dice después para no salirse demasiado del personaje.  

Pero el cambio más importante, sobre todo respecto a las novelas, es el mayor protagonismo de personajes negros e indígenas. George Tann (Jocko Sims), verdadero médico afroamericano que salvó a los Ingalls después de que contrajeran malaria, tiene un considerable tiempo de pantalla. Se lo muestra como puente entre comunidades, igual que a un raro caso de personaje mestizo de las Naciones Originarias, el creado para la ocasión William Mitchell (Meegwun Fairbrother), quien asegura preferir "ser parte del futuro del país" a enemistarse "con gente que va a coger lo que quiere igualmente". Palabras generosas para una nación que en su ahora cumpleañera Declaración de Independencia solo tuvo en cuenta la perspectiva del hombre blanco con propiedades. 

De nuevo, la aventurera preadolescente Laura siente simpatía por los nativos americanos, una inclinación que aquí se facilita desde el principio con el personaje (también niño) de una niña, Buen Águila (Wren Zhawenim Gotts), que la ayuda a aprender a leer. Hay escenas en casa de los osages y hablando en idioma osage; de repente, es como si estuviéramos viendo 'Los asesinos de la luna', el soberbio wéstern revisionista de Martin Scorsese. 

Quien define aquí los patrones visuales es Sarah Adina Smith, directora revelada con retorcidas historias de género como un segmento de la antología de terror 'Holidays' o el atrevido 'thriller' ‘Buster's mal heart'. Parece una elección extraña, pero recordemos que 'La casa de la pradera' no andaba escasa en elementos aterradores. En este primer episodio, la excesiva velocidad impide que los momentos teóricamente emotivos dejen huella o que podamos admirar como es debido esos paisajes de hierba alta tan bellamente filmados por, ahí queda eso, Ari Wegner, la directora de fotografía nominada al Oscar por 'El poder del perro'. 

Por suerte, desde el segundo capítulo se miden mejor los ritmos y la nueva 'La casa de la pradera' empieza a parecer un proyecto con curioso potencial. Además de esa perspectiva más diversa y del poder visual (aumentado por la preciosa banda sonora de Dan Romer), está la voluntad de combinar lo idílico y pastoral con lo traumático: el alcoholismo, el fantasma (literal) de la guerra, la amenaza constante de la violencia. Las buenas interpretaciones ayudan a que lo sensiblero se acerque a lo sensible. 

Es innegable que un proyecto como este, tan enfocado en valores familiares tradicionales, tiene cierto tufo a intento de Netflix de atraer a los espectadores conservadores y hacer un guiño al gobierno actual de Estados Unidos. Pero tampoco está claro que los creyentes del movimiento MAGA vayan a quedar satisfechos con la anecdótica presencia de la Biblia o la importante atención que se dedica al otro en esta nueva traslación audiovisual. Sin dejar de ser un (orgulloso) culebrón, 'La casa de la pradera' plantea ideas estéticas y éticas meritorias. 

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Fuente: El Periódico

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