Aquel jovencito que empezaba a despuntar, que apuntaba más que maneras, terminará cumpliendo su destino. El pistoletazo de salida en el Estadio Olímpico de Tokio será la culminación de años y años de trabajo, de mejora, de sacrificio en los entrenamientos, de luchas compaginando la carrera de Medicina con el deporte al más altísimo nivel y la manera más preciosa de espantar definitivamente (si no lo estaban ya) aquellos más de 400 días de calvario que le atormentaron más la cabeza que la rodilla, donde tenía la lesión. Carlos Mayo, después de todo eso, va a debutar en unos Juegos Olímpicos en la final directa del 10.000, un reducto para 25 elegidos de todo el mundo. Ahí estará uno de los grandes orgullos de Aragón y el último de la comunidad en estrenarse.

Este viernes a las 13.30 horas comenzará la prueba que reunirá prácticamente todos los focos. Los Juegos son la cita más especial del deporte, un privilegio cada cuatro años (cinco esta vez), pero cuando comienza el atletismo la competición termina de adquirir su aura especial. Este viernes debuta el que, posiblemente, sea el deporte rey de las olimpiadas y la primera final de todas será la del 10.000, la de Carlos Mayo, por lo que millones de ojos mirarán expectantes lo que suceda. Y a una hora inmejorable. 

El aragonés cumplirá aquel anhelo que empezó a fraguarse en serio en el 2019 y en el que, aparte de él mismo, tiene una enorme parte de culpa su entrenador Pepe Mareca, que lo ha guiado hasta el atleta que es hoy en día. En su adolescencia ya batía récords, ya se veía que tenía madera de olímpico, pero una dichosa lesión le hizo entrar en un túnel de oscuridad e incertidumbre. Su mayor problema fue no tener un diagnóstico claro. Corría sabiendo que le dolía la rodilla, pero no por qué. Sin plazos de recuperación ni sabiendo cómo podía mitigar esas molestias. «Me he derrumbado y me apoyo en la gente de alrededor, con la familia, Pepe Mareca, mi entrenador, Toni Abadía... Con ellos hablo y me desahogo y me han apoyado en todo momento», le comentó a este diario en el 2018, antes de la operación del doctor Guillén.

Desde entonces, efecto rebote. Carlos Mayo es, por nombrar solo algunos de sus logros, campeón de España de cross y recientemente campeón de España de 5.000 tras vencer a Katir. Consiguió en Birmingham la mínima con un tiempazo de 27.25.00, la tercera mejor marca de la historia de España en la distancia, y está, sin ninguna duda, en el mejor momento de su carrera deportiva. Hasta ahora, claro, porque el aragonés quiere más.

Ahora bien, el propio Mayo es el que ha calmado a la gente que le pedía medalla. De los 25 corredores que tomarán la salida, el aragonés parte con la 21ª mejor marca personal, precisamente la mínima de Birmingham y a más de un minuto de los favoritos: Cheptegei (26.11.00), Kiplimo (26.33.93), Kejelcha (26.49.34), Barega (26.49.46), Kipruto (26.50.16) y Aregawi (26.50.37). Una barbaridad de rivales. Por eso, el objetivo de Mayo es seguir mejorando, cerrar el mejor año de su carrera deportiva en el 10.000 y coger confianza para la semifinal del 5.000 del martes. «Un top-16 sería un buen resultado para mí», reconoció antes de viajar a Tokio a este diario. Ahora, le toca cumplir su sueño olímpico.