Escuché a una señora decir:

--La Bolsa es un invento de los ricos para hacerse con el dinero de los trabajadores. Con todos sus ahorros. Mi marido y yo --continuó-- metimos en Bolsa lo que habíamos reunido en muchos años de trabajo. Ahora se ha reducido casi a la nada. ¿Y a qué bolsillos han ido a parar esos dineros? Al de los poderosos. Si la Bolsa baja --prosiguió-- la gente que va más justa se asusta y vende a cuatro perras. Entonces los potentados compran: es legal incrementar el patrimonio personal a costa de los amedrentados. Luego es cuestión de esperar otra fase de euforia bursátil. Y a vender caro habiendo comprado de rebajas --concluyó.

Esta argumentación no deja de ser un simplismo. Técnicamente no se sostiene. Pero la historia se escribe en ocasiones con titulares simplistas. Comprensibles. Como el de la señora referida. La riqueza --también la de la Bolsa-- es la que es. No otra. No se estira y se encoge. Puede estar mejor o peor repartida. Eso sí. Y lo más habitual es que su distribución no acontezca de la manera más equilibrada. Los ricos cada vez más ricos.

La Bolsa. Y la vida.

*Doctor en Medicina y radiólogo