El presidente de Estados Unidos ha advertido que el poderío militar de su ejército es suficiente para librar dos guerras al mismo tiempo: contra Irak y contra Corea del Norte. Y probablemente se ha quedado corto; podría luchar contra más enemigos, pero nadie más ha manifestado insumisión. El presidente George W. Bush, de momento se ha limitado a ofrecer dos guerras por el precio de una.

La historia es difícil de reescribir; por eso la circunstancia de que el único país del mundo que se ha atrevido a utilizar armas atómicas contra ciudades enteras, como hizo EEUU en Hiroshima y Nagasakhi, sea capaz de controlar a quienes sospecha que tienen armas de destrucción masiva, es un sarcasmo inevitable. Concurre la circunstancia de que tanto el régimen de Irak como el de Corea del Norte son especialmente odiosos por el desprecio y la tiranía que ejercen sobre sus ciudadanos. Pero son perseguidos sólo porque su despotismo no encaja en los intereses norteamericanos. Ahora el mundo solo tiene un árbitro y tenemos que esperar que nuestras formas de vida no entren en colisión con sus criterios. En la forma que ejercen su unilateralismo está el germen de su declive, porque esa lección, la historia no ha dejado de cumplirla.

Falta poco para que el ejército más poderoso del mundo estrene las armas más sofisticadas contra la armada de Sadam Husein, que no tiene ninguna posibilidad de presentar batalla con esperanzas de supervivencia. La industria militar y tecnológica norteamericana agradecerá esa posibilidad de renovar sus stocks y los mercados financieros reaccionaran con subidas espectaculares. Los humildes de la tierra tomarán nota de esa nueva lección de matonismo y los resentimientos de los fanáticos armaran nuevos terrorismos para justificar nuevas agresiones. Todo en nombre de la paz mundial que se ha encargado de defender un inculto ranchero de Texas. Nadie puede garantizar que esto no acabe mal para todos.

*Periodista