A quien resiste, se opone y disiente con los hechos se le llama terrorista. En casa, esperando una señal para el cambio, o en Bagdad frente a la invasión de las mentiras y la desvergüenza. Varios jóvenes zaragozanos viajan a París, camino del Foro Social donde se imagina, se sueña y se propone otra globalización, otro mundo posible. Es una pequeñísima muestra de que existe y resiste una sociedad civil semioculta política y mediáticamente, a la que no suelen dar la voz que merece y a la que casi nadie pregunta nada. Organizada en torno a la búsqueda de ideas, haciendo preguntas y buscando respuestas, la sociedad civil es capaz de ofrecer visiones de la realidad refrescantes y reconciliadoras con la verdad. Sabe cuales son los puntos neurálgicos de cuestiones básicas como la violencia de género y la estructural, el medio ambiente, la vivienda, la cooperación internacional y el negocio de los guerreros, el agua y la calle porque la vive sin entregarse a las mentiras retóricas y la caradura insuperable del poder. Esos que, otra vez, hablan de un mundo oficial que casi en nada se parece al mundo real. Es el espíritu partisano y resistente, que haría de Agustina de Aragón, hoy, una terrorista.

*Periodista