Nos vendieron la nueva estación zaragozana de Delicias como el no va más de la modernidad y, aunque es espectacular, ha resultado poco operativa, incómoda, fría en invierno y calurosa en verano, desaliñada, desproporcionada y pretenciosa, entre otros defectos que cuantos viajeros tienen que pasar por ella reiteran una y otra vez. Pero quizás exista una solución milagrosa que ayude a resolver dos problemas de golpe. Resulta que, si no he calculado mal, dentro de la estación cabe perfectamente un estadio de fútbol; pues bien, el ayuntamiento podría pedir al GIF que la cediera para ubicar allí el nuevo campo de fútbol, que estaría además totalmente cubierto y con buenas instalaciones, y que se construyera una más útil en otro lugar, tal vez a mitad de camino entre el aeropuerto, la Feria, Pla-Za y la ciudad, y de paso se podrían aprovechar las vías que ahora atraviesan Zaragoza para el metro ligero. Bromas aparte (¿o no?), creo que es hora de que los gestores de la cosa pública se den cuenta de que es necesario meditar bien las cosas antes de aprobar proyectos faraónicos que a la larga no causan sino gastos exagerados, un difícil mantenimiento e hipotecas para el futuro. Claro que siempre queda el recurso fácil de endosar al ciudadano vía subida de impuestos, siempre los indirectos no sea que se enfaden los más ricos, el coste que generan semejantes despropósitos. Y entre tanto, la sierra de Paniza y los Pirineos siguen siendo arrasados en nombre del progreso. Pues nada, a seguir tan tranquilos que son dos días.

*Profesor de Universidad y escritor