La entrevista con la chica que ha estado ocho años secuestrada en Austria. Se vaciaron un poco las calles. Ella y el periodista llevaban vaqueros, la prenda invisible universal, la homologabilidad. La cara roja del siquiatra, o asesor. El pañuelo en la cabeza, símbolo de algo, en el país de Freud. Seguro que se siente mucho mejor después de haber dado su versión al mundo. Y seguro que es una bendición los millones que va a cobrar, qué menos, para rehacer su vida, o para tener una vida. El asesino de la banda asesina amenazando a los jueces en su cajón transparente blindado. La confesión de Bush sobre las cárceles secretas. Esa pecera que aísla al asesino terrorista; su siniestro marketing consentido, directo a las portadas. Asesino transparentándose al mundo, lo contrario de las cárceles secretas. Asesino transparentando su impotencia. Da para un musical del año que viene, todo da para eso, las peceras se usan poco en teatro. La pecera blindada y el coche ardiendo de la banlieu parisina, escenografías visibles, youtubables. La pecera de la chica secuestrada, el pañuelo en la cabeza, diccionario de símbolos, tan cambiantes, la inocencia campesina, Millet y su ángelus, lo contrario del bar de Hopper. El pañuelo va a volver a las pasarelas, donde se ilegaliza la delgadez. El casco, el cinturón, el soplatorio del alcohol, la delgadez, la obesidad, el tabaco, el salir de noche. La chica secuestrada podrá vender su película, su entrevista, y está bien que al menos el mundo le permita cobrar algo --siempre poco-- por ese horror, pagarse el olvido, quitarse ese pañuelo de inocencia, salir con el pelo mojado (efecto mojado), lo que quiera. Ahora hay que pensar algo horrible: hay una tradición --incluso cultural, literaria, cinematográfica-- del hombre que encierra a mujeres, las secuestra y las mete en un zulo (un castillo) para su uso personal. Ahora hay que pensar cuántas mujeres, cuántas niñas, niños, humanos, permanecen en este momento encerradas en los zulos construidos por locos y cuerdos. Cuántos de los que cada día atentan y asesinan a sus exparejas no disponen de medios y habilidad para construirse una cárcel secreta, para encerrarlas de por vida.

Y si Bush y sus asesores tarados no estarán aportando argumentos y justificación a los secuestradores potenciales con ese método al fin confesado de las cárceles secretas.

Periodista y escritor