Pocas cosas me sorprendieron de la intervención realizada por el presidente Iglesias en el Debate sobre Aragón. Se atuvo al guión e incluso tuvo la galanura de reconocer carencias en asuntos que interesan, y mucho, a la ciudadanía. Si algo me llamó especialmente la atención fue el anuncio de que había solicitado entrevistarse con el actual secretario de Estado del Vaticano, Tarsicio Bertone, para tratar de resolver el conflicto de los famosos y nunca suficientemente ponderados bienes sacros de la Franja. Es de agradecidos reconocerle a don Marcelino sus desvelos viajeros, aunque tal vez sería mejor evitarse tal engorro ( Iglesias contra Iglesia) y enviar para ese menester al Consejero de Agricultura Arguilé (todo él pura pinta de cardenal) quien de paso, podría haber solicitado la bendición apostólica de Su Santidad para el campo aragonés, tan hambriento de futuro como ávido de agua. Acuda uno u otro, o ambos dos, ¿no les parece que deberían hacerlo en compañía del mejor introductor posible para la ocasión?, nuestro arzobispo Ureña, quien debería demandar por qué una devolución ordenada por el Vaticano no es acatada por sus hermanos de fe catalanes.

Profesor de Universidad