Buena la que armó Benedicto XVI con su extemporánea cita del bizantino emperador de marras. Pero, hombre, ¿a quién se le ocurre, estando las cosas como están, con lo defensores de su religión que son los musulmanes, no como los cristianos, que nos dedicamos a meterle puyas a la nuestra y reímos las gracietas a personajes como Pepe Rubianes, Leo Bassi y así? Y ahora, va el hombre y enciende la cerilla en el polvorín. Si alguien dijese que Cristo traía "lo malo y lo inhumano" aquí no pasaría nada, porque el mundo cristiano cree ya en otros dioses y falsos ídolos. Se puede menospreciar la religión "propia", pero ojo con la ajena. Ratzinger, acostumbrado a luchar contra los descreídos de su propio rebaño, no cayó en la cuenta de que podía excitar a unos creyentes que se toman estas cosas bien en serio, no como los de su grey. ¿O será que al Papa no le ha asesorado nadie, porque le pilló en medio del cambio en la Secretaría de Estado vaticana, de Sodano por Bertone, el uno por el otro y la casa sin barrer, y Navarro Valls, que se las sabía todas, de jubilata? Da la sensación de que Ratzinger, como el coronel de García Márquez, no tiene quien le escriba, y más solo que la una, como es un intelectual, pues venga a demostrar erudición. Y a los intelectuales metidos a políticos (y el Papa lo es, aparte de su faceta religiosa) les pierde su propia sabiduría. Acostumbrado a moverse entre hombres de pensamiento, aunque sean de sotana, no se dio cuenta de que estaba casi casi ante un teléfono rojo de la guerra fría. Y pagó la novatada.

Historiador y médico