Los presupuestos generales del Estado que ha presentado Pedro Solbes están elaborados en torno a un eje fundamental: el equilibrio, que en este caso tendrá forma de superávit por tercer año consecutivo. Lo que había sido una obsesión en los gobiernos del PP en su afán por cumplir con las directrices europeas, se ha convertido ahora en algo normal y corriente para un Ejecutivo cuya batuta económica maneja precisamente el hombre que en aquella época era comisario europeo del ramo. La característica principal de estos presupuestos, como ocurrió en los tres anteriores de Rodríguez Zapatero, es la política social, que se lleva la parte del león, con un incremento del 8,4%.

Aunque todos los capítulos de gasto aumentan, hay uno que llama mucho la atención: el de la seguridad ciudadana, que lo hace en un 12%. Cuando se dio la alerta a principios de verano por la oleada de robos y asaltos en domicilios, en algún caso con extrema violencia, las autoridades se afanaron en mostrar cifras que demostraban que en realidad no ocurría nada distinto a otras épocas. Sin embargo, ahora el Consejo de Ministros propone un aumento de la inversión en este apartado muy llamativo. El Gobierno ha sido sensible a aquellas quejas y se ha volcado, aunque sin un reconocimiento explícito. Si efectivamente existe un problema de dotación en materia de seguridad como para que el aumento de sus recursos duplique la media, sería de agradecer que los ciudadanos sean informados sin temor a que cunda la alarma social.