Si parecía que todo estaba dicho y oído con respecto a la chapuza de las identificaciones de los 62 militares españoles muertos en el accidente del Yak en Turquía, resulta que todavía quedan desagradables motivos para la sorpresa, el enfado y la vergüenza. El entonces ministro de Defensa, Federico Trillo, actual diputado del PP por Alicante, debería asumir de una vez los gravísimos errores que cometió al frente de esta tremenda desgracia que él asumió con total displicencia, como se ha vuelto a demostrar una vez más. Trillo no solo permitió que se maltratara a las familias de los soldados ignorando su dolor y sus derechos poniendo mentira sobre mentira, resulta que también pidió a los forenses turcos que mintieran para, así, guardarle las espaldas. La inmoralidad con que se gestionó esta tragedia desde Defensa no dejará cerrar las heridas hasta tanto no se hayan depurado las responsabilidades. Trillo debería empezar por dejar el escaño.