El salón de automóviles de París nos deja como estábamos, anclados en el pasado turbio del gasógeno que tanto glamour daba a los años veinte. París nos vende de nuevo la anorexia, pero sólo en las modelos, no en los coches, que cada vez son más corpulentos. Pero lo que pide el gentío en el silencio de sus hemorroides e hipotecas es que se vea algún cambio en las corporaciones, regidas por ancianos prematuros, tipos rancios de principios del XX que no se atreven a cambiar de paradigma, de energía, de nada. Lo más que se les ocurre a estos genios de los coches es fusionarse con papel de fumar. Y los gobiernos, que sólo piensan en las bombas atómicas clandestinas y en controlar más y mejor a sus clientes cautivos (para cobrar con más precisión), se olvidan de legislar contra esta polución que ya es genética. Los gobiernos diversos, como no se atreven a toserles a las tabaqueras, hamburgueseras, bioponzoñeras y automoviliarias, se curan con leves retoques. Que los edificios lleven placas solares ya sería un avance dentro del atraso y el derretirse de polos. Pero es que la atmósfera tiene gripe crónica y por eso el Atlantis va esquivando kleenex. Hay que ver si en Aragón, además de los bingos, disponemos de competencias para legislar un poco en esto del medio ambiente, aunque sea en los flecos. Quizá tienen ya más capacidad las comarcas o los ayuntamientos que la propia Autonomía Tercera Reforma. A lo mejor, con menos monserga, tiene más autonomía California que Aragón. Aparte de competencias para ejecuciones, que no las queremos, hay que ver si desde nuestra miniatura somos capaces de acelerar esta brasa de época atascada, este momento de vértigo e inminente retroceso. Hay que incentivar al cliente a que compre coches ecológicos, que vayan a biomasa, con alfalfa (alfalz, ordio, cardos, cáscaras de mejillón, lo que crezca) y quizá penalizar el hábito del tufo: hasta que los fabricantes vayan comprendiendo que se ha acabado el XX, y que el glamour es el coche vegetal, transparente, liviano. Hay que subvencionar las gasolineras de hidrógeno, de voltios, de lo que haga falta. El conservadurismo energético no impide despedir a mansalva y/o apretar las tuercas a los salarios. Si ha de haber despilfarro y polución, que sea para todos. Si ha de haber una moratoria investigadora, inversora, legal, que separen ellos la basura.

Periodista y escritor