Hasta hace unos días, pocos sabían que en un momento de la ópera Idomeneo, rey de Creta de Mozart se muestran las cabezas cortadas de Buda, Jesucristo, Mahoma y Poseidón. Desde el día de su estreno, el 29 de enero de 1781, muchos han disfrutado de ella plácidamente y sin problemas durante 225 años, pero ahora las cosas han cambiado mucho: la Deutsche Oper de Berlín, tras recibir un informe de la policía, decidió retirarla de su programación por temor a la ira y a las desaforadas reacciones de los extremistas islámicos. Es decir, pura y simplemente por miedo. Por otro lado, el profesor de filosofía francés Robert Redeker ha de estar oculto desde el pasado 20 de septiembre debido a las amenazas de muerte que ha recibido tras escribir en Le Figaro un artículo crítico con el Islam. Por miedo.

El miedo se está adueñando de medio mundo. Hace unos años, hicieron su aparición las guerras supuestamente preventivas. Ahora parecen imponerse las inhibiciones preventivas. Paso a paso, se habían abierto camino a lo largo de los siglos el librepensamiento, la libertad de opinión y de expresión, dentro de los límites del respeto mutuo y de los derechos humanos fundamentales. Ahora, sin embargo, corremos el riesgo de que sean los intransigentes, los radicales, los fanáticos, quienes tengan patente de corso para imponer sus idearios y sus dogmas.

Una cosa es respetar las culturas, las costumbres y las sensibilidades ajenas, y otra bien distinta aceptar que tiene cabida la imposición de cualquier tipo de absolutismo en el mundo. El antídoto contra el fanatismo, el fundamentalismo y la intransigencia es la reivindicación sin paliativos de la autonomía de la mente, del criterio independiente y responsable de cada ciudadano del mundo, de la libertad de las ideas. La libertad no debe sólo respetar y comprender, sino también resistir combativamente, argüir razonadamente y formar un frente común donde el diálogo y la firmeza van de la mano, donde la libertad y las libertades no son negociables bajo ningún concepto.

EL MIEDO se propaga a gran velocidad. Al miedo no le importa saberse manipulado al antojo de los interesados en que nunca deje de existir el miedo, por mucho que quieran disfrazarlo de seguridad. El miedo hace trampas por sistema, pero a la vez intenta convencer de que sus trampas son de poca monta, y además se realizan por el interés general y la seguridad del mundo.

El miedo necesita también que haya tótems universales a los que temer. Recientemente nos llegaron desde Francia noticias de la posible muerte de Ben Laden, pero en realidad el miedo necesita siempre uno o una docena de Ben Ladens. De hecho, sería una tragedia para Bush y sus adláteres que desapareciese realmente Ben Laden, pues tendrían que inventar a algún otro para desasosiego de las masas temerosas.

Ese miedo consigue sacar del Senado norteamericano leyes, justificaciones y coartadas para poder conculcar los derechos humanos de los detenidos. El mundo sabe de la existencia de Guantánamo y otros cuantos Guantánamos más, pero prefiere mirar hacia otro lado. Debería producirnos mucho miedo sobre todo conocer que día tras día los derechos humanos elementales o algunas convenciones internacionales de importancia se están conculcando o soslayando desde la impunidad, también desde el acuerdo, tácito o expreso, de muchos. Ese miedo lleva también a consentir que 34 datos personales de un viajero aéreo europeo estén en manos de los servicios de seguridad (CIA y FBI) norteamericanos. Por seguridad. Por miedo.

RECIENTEMENTE tanto la ONU como la CIA nos dieron a conocer que han descubierto la pólvora: según los informes publicados por estos organismos, la invasión de Irak ha sido un error, ha reforzado el terrorismo, no ha arreglado ningún problema y ha extendido los conflictos anteriores a otras zonas del mundo. Como es bien sabido, todo estaba basado en una serie de patrañas tramposas que fueron extendiendo el miedo. Pues bien, Bush sigue presentándose en sus discursos como el principal adalid de la libertad. Blair se retira dentro de unos meses sin problemas. Aznar se limita a decir sandeces sobre la invasión de los musulmanes en su España, y a proponer que la próxima vez sea la OTAN la que bombardee Líbano a discreción. Ninguno de ellos, así como tampoco los partidos que los apoyaron, han reconocido aún que se equivocaron y metieron al mundo en un enorme avispero. Ellos sí que dan miedo.

Profesor de Filosofía