La pasada semana el Parlamento español aprobó la medida de mayor calado de la actual legislatura: la llamada Ley de Dependencia. La nueva normativa afecta directamente a más un millón de familias que a partir del próximo año verán como la maquinaria estatal descarga algo del peso que las circunstancias han colocado sobre sus hombros. Mi hija mayor es una de esas personas que pertenecen al basto y heterodoxo colectivo de las personas dependientes, así que entenderán que no tenga el menor disimulo en expresar la satisfacción que me ha producido esta nueva ampliación de llamado estado del bienestar. Lo que resulta algo menos agradable ha sido la penosa cobertura que ha merecido la noticia. Lo que es sin duda un hito histórico, no ha merecido la primera plana en ningún medio nacional. ¡Que razón tenía Guy Debord cuando afirmaba que vivimos en la "sociedad del espectáculo"! Las realidades reales han perdido ya toda su importancia ante las realidades virtuales creadas por los propios medios. Está claro que algo anda muy mal cuando absurdas paranoias como la del dichoso ácido bórico merecen mucha más atención informativa que los auténticos problemas de la ciudadanía.