La posición del PP aragonés respecto del Estatuto de Autonomía y la defensa que Gustavo Alcalde realizó de esta reforma legislativa en el Congreso han provocado ciertos recelos en Génova. Los verbalizó ayer Mayor Oreja, pero en voz baja ya venían escuchándose algunas críticas ante quienes creen que la posición de los populares aragoneses contraviene la línea oficial de confrontación cerrada con el PSOE en asuntos territoriales. Sea como fuere, resulta triste que el PP aragonés incomode por apoyar una reforma estatutaria que, en el fondo, es muy similar a las propuestas por sus correligionarios en Valencia o en Baleares. La única diferencia es que en estas comunidades son partido de gobierno y aquí, oposición. Mariano Rajoy debería aprovechar su visita hoy a Zaragoza para despejar estas dudas y pronunciarse con claridad sobre la estrategia adoptada por su partido en Aragón respecto del Estatuto y, de paso, sobre el trasvase del Ebro.