El dirigente del PP Jaime Mayor Oreja anda empeñado en poner chinitas bajo los loables intentos de sus correligionarios aragoneses. No le gusta que la formación nacional de los populares apoye la reforma del Estatuto de Aragón en la que Gustavo Alcalde tanto --y de manera tan positiva-- ha tenido que ver. ¡Vaya con el señor Oreja!, sus amigos levantinos dando el coñazo para llevarse el agua a su particular molino golfístico. El anterior ministro de Interior y vicesecretario general del PP, hoy alineado con los sectores más derechistas de su formación, y que nunca puso reparos a la elaboración y aprobación del Estatuto Vasco, confunde churras con merinas y no se corta un pelo al afirmar que la reforma estatutaria desembocará en un acuerdo con ETA y la aprobación del derecho de autoderteminación. Este hombre ve visiones y solo se me ocurre ofrecerle, para calmarle, una solución: retiren la reforma del Estatuto aragonés en los términos ahora propuestos y sustitúyanla por otra cuyos términos nos equiparen exactamente a aquel Estatuto Vasco que con tanto fervor apoyó. Mientras tanto, sosiéguese su Señoría y deje que Gustavo y sus gentes sintonicen con el clamor aragonés. Profesor de Universidad