Dentro del Ayuntamiento de Zaragoza, Festejos ha sido una de las áreas más eficaces, fundamentalmente si tenemos en cuenta que trabaja en condiciones especialmente difíciles, puesto que no resulta fácil encajar la indispensable creatividad con la inexorable burocracia y el papeleo. Según relatan algunos de sus protagonistas, en ocasiones ha habido que hacer auténticos milagros, o casi, para conseguir que un artista subiera al escenario. Pasó a la historia Luis García Nieto con sus ruedas de prensa en un velador, provisto de la bufanda roja, tan emblemática; los jerseys detonantes y elegantes a la vez de Rafael de Miguel, a la omnipresente de Carmen Solano, que parecía protagonizar el programa de fiestas completo. Llegó Juan Bolea, y con él, el glamour, la distinción, un tono más europeo y casi mundialista. Y de ahí arranca un suceso que progresivamente se acrecienta: auténticas caravanas de jóvenes encaminan sus pasos hasta esta Inmortal Ciudad, nueva meca de la diversión y la convivencia. No recuerdo la cantidad de llamadas que he recibido esta semana de padres de otros lugares que me piden que esté pendiente de sus retoños...

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