El alcalde de Zaragoza, Juan Alberto Belloch, tomó hace tres años la iniciativa de ir a Madrid y Barcelona a vender las Fiestas del Pilar, y la ciudad ya ha empezado a recoger los frutos de tan acertada campaña: los hoteles de Zaragoza han colgado el cartel de "completo" durante el puente, los espectáculos rozan el lleno en su inmensa mayoría, y la Ofrenda, como se comprobó ayer, habrá que estirarla en el futuro para que los cientos de miles de oferentes no desesperen en el intento de llegar a la plaza.

Parece evidente que la difusión de las fiestas y la proximidad de la Expo guardan relación con el éxito festivo de este año, pero el acto estrella del día grande de las fiestas --la Ofrenda-- no tiene mucho que ver con la publicidad o la moda, y sí con la tradición, pues en la plaza se dan cita hasta tres generaciones. Los organizadores advirtieron ayer que esta ceremonia roza el límite, que no da más de sí, que no se puede avanzar más salvo que haya "dos plazas o dos vírgenes".

Se podría decir que ha llegado el momento de volver a convocar al cineasta Bigas Luna, el hombre que modernizó la Ofrenda al cambiar el emplazamiento de la virgen y abrir nuevos accesos. Seguro que aporta ideas, pues esta liturgia floral no es solo un acto meramente religioso sino una gran manifestación cultural e identitaria: se puede estudiar la historia de Aragón a través de los trajes, cada vez más hermosos y cuidados.