Este es el título de uno de los últimos discos de Joaquín Carbonell. El tema viene a cuento porque la empresa aragonesa Imaginarium ha creado el primer móvil para niños a partir de los 6 años. Si la dependencia de los mayores y de los jóvenes hacia este prodigioso aparato ya resulta imparable, imagínense ustedes lo que pasará con los más pequeños de la casa. La firma especializada en juguetes sí se lo ha imaginado y saca para la campaña de navidad su producto estrella al mercado. Ya veo a cientos de enanos colgados de sus móviles diciendo no sé qué cosas a sus papás o contando algo al amiguito que tiene justo al lado. Como diminutos ejecutivos fuera de lugar y de tiempo. ¿Por qué nos empeñamos en contaminar la infancia con falsas necesidades? Los astutos empresarios argumentan que con el móvil para niños aumenta su seguridad y la tranquilidad de los padres que podrán comunicarse con ellos a cualquier hora. Estamos construyendo una sociedad dominada por el miedo y por la tecla de emergencia permanentemente activada (este móvil la lleva), y se la estamos trasmitiendo a nuestros hijos en candoroso papel de regalo. En el Reino Unido la ley prohíbe sacar al mercado móviles para niños hasta los ocho años. Entre otras cosas porque la exposición a las ondas de radio y el coeficiente de absorción específica (SAR) pueden afectar a cerebros todavía no formados. Aquí, que somos más chulos que nadie, creamos consumidores compulsivos desde la Primaria. Pronto veremos que junto al biberón y los dodotis te regalan ya el bebé-móvil.

Periodista y escritora