Atraer a Batasuna hacia el juego democrático una vez que la llamada

izquierda aberzale haya dado la espaldaa la violencia es una de las premisas imprescindibles para que el proceso de paz en marcha llegue a buen puerto. El Gobierno sabe que Batasuna necesita imperiosamente estar en las instituciones democráticas. Seguir fuera de los ayuntamientos --una de las principales consecuencias de la ley de partidos-- debilitaría de forma irreparable a los nacionalistas más radicales en beneficio del PNV y EA.

Por eso la formación de Arnaldo Otegi quiere presentar listas en las elecciones municipales del año que viene. Y lo quiere hacer sin verse sometida a renunciar clara y taxativamente a una de sus señas de identidad: la cobertura ideológica de las acciones terroristas de ETA. Teme también que, si crea una nueva marca electoral, esta sea perseguida por los jueces en tanto que heredera de Batasuna.

Pues bien, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, trató el jueves de tranquilizar a los nacionalistas radicales en el segundo de los puntos --no habrá problemas penales si entran en la senda de la legalidad-- a cambio de que se sumen a la normalización política utilizando los "mecanismos de la justicia", que no son otros que el cumplimiento de la ley de partidos, como recordó ayer la vicepresidenta Fernández de la Vega.

SIN PISTOLAS Es evidente que Zapatero ha movido públicamente ficha en un momento delicado del proceso de paz. El Gobierno quiere dialogar con ETA para acelerar el fin de la violencia y, paralelamente, integrar a Batasuna en la vida democrática para buscar nuevos caminos políticos en un País Vasco sin pistolas. Evidentemente, las reacciones no se han hecho esperar. El Partido Popular ha puesto el grito en el cielo al señalar que Zapatero ha derogado de facto la ley de partidos.

Y Batasuna ha dicho que estamos ante una "maniobra de despiste". Los unos y los otros juegan sus cartas propagandísticas. Ni el PP ni Batasuna, y no se trata de establecer paralelismos, van a poner las cosas fáciles al Gobierno en un proceso de pacificación que avanza con márgenes muy estrechos. Es su responsabilidad. Pero sería lamentable que visiones a corto plazo impidieran, al menos, que la actual Batasuna tomara el sendero democrático. Porque ese paso es imprescindible para el definitivo adiós a las armas de ETA.

Por lo demás, resulta lamentable que el expresidente José María Aznar nos recuerde cómo con él ETA había quedado "reducida al mínimo", cuando por otro lado está alimentando la increíble teoría de la participación de la banda terrorista vasca en el 11-M.