Virtuosamente, desde las filas socialistas se le ha recordado al Partido Popular y a su ex líder carismático, Manuel Fraga, que fueron los responsables históricos de haber atraído a la mayor parte de la extrema derecha a las filas de la antigua AP. Es total y rigurosamente cierto. La derecha franquista, con la excepción de algunos sectores irreductibles de la antigua y de la "nueva" Falange, se sumó con armas y bagajes al proyecto popular y aceptó en lo sucesivo las reglas de juego democráticas.

¿Hay desdoro o culpa de algún tipo en ese proceso? Sinceramente, no lo acabo de ver. Que antiguos entusiastas de la dictadura se reconviertan a la democracia con todas sus consecuencias es, en todo caso, un favor que el sistema le debe, a partes iguales, a los populares y a los líderes de extrema derecha de la transición, quienes con sus afanes golpistas y sus propuestas políticas autoritarias espantaron a todos los que, desde la derecha, esperaban alternativas distintas a la de echarse al monte.

Por otro lado ¿qué hizo el PSOE en la transición sino rebañar militantes y siglas de la Federación Partidos Socialistas (FPS) y cuadros de las diversas facciones comunistas --Santiago Carrillo, por poner un ejemplo-- cada cual de un rojo más subido que la anterior? El PSOE está lleno de antiguos leninistas, trostkistas, estalinistas y maoístas reconvertidos a la "democracia formal burguesa" que denunciara Vladimir Ilich. Tampoco hay nada de malo en ello. Los extremeños, como decía el clásico, se tocan.

Periodista