Ha dado mucho juego el comentario de José Luis García sobre el folleto del Museo de Zaragoza en castellano, catalán y fabla. Por alusiones, el lector vuelve a pedir la palabra para, a propósito de este caso, traer a colación posibles abusos por hiperprotección que se cometen en comunidades autónomas con idioma propio. El problema de Aragón con las lenguas minoritarias es la falta absoluta de regulación. Un vacío absurdo que fomenta la arbitrariedad y que lleva al terreno de la política interesada y a la comparación con regiones vecinas un asunto meramente cultural.