Si lo que pretende el obispo de Lérida, Francisco Javier Ciuraneta, es irritar y desquiciar a los aragoneses, y desde el Vaticano se ríen las gracias y no se impone de una vez una sanción o lo que sea al prelado por no cumplir con la devolución de los bienes eclesiásticos a Aragón, lo que tiene que hacer la comunidad es dar de una vez un puñetazo en la mesa. ¡Ya vale de cachondeo! ¿A qué espera el presidente Iglesias? ¿Dónde están esos acuerdos con la Generalitat? Aragón tiene más razón que un santo y se les están riendo. Es hora de que el Gobierno, y su presidente el primero, haga algo aparte de hablar. Si hay que ir al juez, se va. Pero ya.