De resaca festiva y de la otra, que después de una semana de fiesta y desenfreno para muchos, los cuerpos se resienten y más de uno y de dos se habrá incorporado hoy al trabajo arrastrando ojeras y horas de sueño. Acabaron las fiestas cerrando ese paréntesis festivo que convierte cada octubre en un mes casi, casi inhábil: "Entre las fiestas, el antes y el después, estamos en noviembre y todos al cementerio-" me decía Rosa, una peñista que no cumplirá los 70 y que vive las fiestas como una adolescente, aludiendo a la proximidad del Día de Difuntos- Pero la semana, además del Pilar, ha traído otras cosas y no buenas precisamente: Despejada la incógnita del socialista Bono a la Alcaldía de Madrid con un plantón a Zapatero que tardará en olvidarse en el partido (¡mira que le gusta al manchego el coqueteo mediático!), el asesinato de la periodista rusa Anna Politkóvskaya por denunciar corruptelas y torturas ha sido, sin duda, una de las peores noticias de los últimos días. Su muerte ha vuelto a poner de manifiesto que la verdad es el mayor enemigo del que está muy lejos de ser un estado democrático. Denunciable también es lo ocurrido en Martorell donde medio centenar de energúmenos acostumbrados a defender sus ideas con el insulto y la agresión física, lanzaron huevos y zarandearon a dos líderes del PP, que participaban en un acto de su partido. Harían bien, quienes puedan hacerlo, en atar corto a esos impresentables porque con sus actos deslegitiman la defensa de cualquier opción política. En este país sobran radicales e intransigentes. Periodista