Si la noticia de graves destrozos en el colegio Condes de Aragón causó un gran impacto, mayor es el relativo a la detención de sus autores. Que una pandilla de chavales de 14 años sea capaz de confabular un asalto tan brutal al centro en el que estudian causa conmoción. Y más si se tiene en cuenta el móvil: provocar el mayor número de destrozos posibles para que el colegio permaneciera cerrado durante las fiestas y, así, evitar las clases. Algo está fallando, y no solo en el sistema educativo, cuando un grupo de menores es capaz de esto. La acción no puede quedar impune; sería malo para ellos y para la comunidad educativa en general.