Las fiestas del Pilar de Zaragoza han resultado un rotundo éxito por organización, por participación y, en fin, por resultados. Si de lo que se trata en unas fiestas mayores es de que toda la población pueda vivirlas con intensidad, este año se ha conseguido. Por funcionar bien, ha funcionado bien hasta el apoyo cerrado desde los medios de comunicación, con la novedad de que estos pilares han sido los primeros retransmitidos casi íntegramente gracias al empuje de la televisión autonómica. Los datos avalan esta sensación generalizada. Se han batido récords en la Ofrenda de Flores, en las consultas turísticas, en determinados espectáculos... y la ciudad ha conseguido funcionar sin colapsarse pese a las obras.

Ahora debería comenzar ya la preparación para los festejos del 2007, que habrían de quedarse a salvaguarda de los vaivenes lógicos por el proceso electoral de mayo próximo. Esos pilares, en pleno sprint en la carrera hacia la Expo, serán un auténtico escaparate de la ciudad hacia el mundo, a solo nueve meses de la inauguración del evento. Las fiestas son una seña de identidad de la capital aragonesa y, bien planteadas, con ambición pero con orden, como este año, pueden representar la mejor credencial ante miles de personas expectantes de ocio. Divertirse en una ciudad respetuosa y amable es precisamente lo que busca, y a veces no encuentra, el ciudadano medio.