Los argumentos en las polémicas suelen convertirse en los árboles que no dejan ver el bosque. En una discusión tan viciada como la de los llamados bienes de la Franja, el ambiente se está empezando a llenar de una especie de tinta de calamar que enturbia el ambiente. En una sutil maniobra el obispo leridano ha reducido la cuestión a un litigio entre comunidades autónomas, cuando la noticia de primera plana debería ser la reiterada desobediencia de un prelado a las órdenes del Vaticano. Cuando estudié el catecismo me quedó meridianamente claro que en la Iglesia Católica la última palabra la tiene Roma. Que se lo pregunten si no a los teólogos de la liberación a los que una mínima desviación de la ortodoxia papal les llevó a la excomunión. En cualquier caso lo que debería plantearse es porqué la Iglesia tiene la última palabra sobre un patrimonio producto de una época en la que no existía la separación Iglesia-Estado. Retablos y pinturas que se financiaron mediante donaciones o incluso por suscripción popular forman parte del territorio que los creó. El verdadero problema es que Ciuraneta pueda manejarlos como si fueran fondos de una fundación privada.

Músico y gestor cultural