Poco ha tardado el Partido Popular en cumplir su anuncio del pasado lunes de que iba a centrar su labor de oposión parlamentaria al Gobierno en el llamado proceso de paz de Euskadi. Ayer, el PP disparó tres veces: por la mañana, el portavoz Pío García-Escudero en el Senado, y, por la tarde, los máximos dirigentes, Mariano Rajoy y Ángel Acebes, en la sesión de control del Congreso.

La intervención del portavoz del PP en el Senado superó todos los límites. En una torrencial sarta de acusaciones, García-Escudero le dijo a Zapatero, entre otras cosas, que lleva a las instituciones democráticas al terreno de los terroristas; que basta una falsa huelga de hambre de un preso, una rueda de prensa o siete tiros al aire para que el Gobierno ceda; que la policía, el Código Penal y la fiscalía están en tregua; que Batasuna está "legalizada de facto" porque da ruedas de prensa; que se avisa a los terroristas de las actuaciones policiales, etcétera. Pero el reproche más duro llegó cuando el portavoz del PP acusó al presidente del Gobierno de tener desde el año 2002 una estrategia de contactos con Batasuna mientras ETA asesinaba al socialista Joseba Pagazaurtundua.

La andanada fue tan violenta que Rodríguez Zapatero se convenció ayer de que el PP no va a reflexionar, como le pidió, ni a cambiar de estrategia hasta después de las próximas elecciones generales.