Seis sentencias de la Sección Séptima de la Audiencia de Barcelona han sentado jurisprudencia al absolver o confirmar la absolución de otras tantas personas acusadas de practicar el top manta. El argumento fundamental de las sentencias es que quienes viven de esta forma de venta irregular son "el último eslabón del comercio ilegal a través de personas que solo buscan un medio de ganarse la vida". En consecuencia, las sentencias concluyen que la intervención penal debe ser mínima y que existen vías administrativas para sancionar estas conductas. Pocos argumentos cabe oponer a la sensibilidad de los magistrados ante un problema humano en el que se ven atrapados quienes, manipulados casi siempre por redes mafiosas, intentan huir de la miseria por cualquier medio. Solo cabe considerar delitos las infracciones de este tipo a gran escala. Aplicar los mismos criterios a quienes consiguen modestos ingresos constituye una asimetría manifiesta entre la infracción que cometen y el daño que causan. A lo que hay que añadir que el gran agujero en el mercado del audiovisual no es, por supuesto, el top manta, sino la oferta de descargas gratuitas a que tiene acceso cualquier internauta.

Nadie pone en duda que toda forma de comercio no regulado debe ser perseguido por la Administración para ahuyentar el fantasma de la inseguridad jurídica, a la que aluden las empresas. Pero el camino elegido era desproporcionado.