El presidente Bush ha llegado, por fin, a conclusiones similares a las de una parte importante de la opinión pública norteamericana: EEUU ha quedado atrapado en la ocupación de Irak y corre riesgos parecidos a los que siguieron a la ofensiva del Tet de 1968, que condujeron a la derrota de Vietnam. Aunque la Casa Blanca se afanó ayer en desmentir que Bush estableciera un paralelismo entre ambas situaciones durante una entrevista televisada, lo cierto es que, a menos de tres semanas de las elecciones legislativas, el Partido Republicano no dispone de un plan para contener la caída de popularidad, ofrecer un programa a medio plazo para Irak y mitigar así los efectos de una derrota en las urnas que ya nadie pone en duda. La comisión bipartidista que preside el exsecretario de Estado James Baker, encargada de redactar un informe de la situación en Irak, considera todas las vías para salir del avispero sin desestabilizar aún más Oriente Próximo. Pero el dinamismo de la insurgencia suní, el islamismo en auge, la debilidad del Gobierno de Nuri al Maliki y la seguridad de Israel impiden imaginar una fórmula de retirada que no lleve asociado el caos y la guerra civil con una virulencia mayor. El análisis que ha hecho para Bush el exsecretario de Estado Henry Kissinger no hace más que alimentar esos temores. Acaso solo un triunfo de los demócratas, partidarios de disponer una salida de Irak por etapas, permita romper con esa inercia.