El dato aportado ayer por el servicio de Movilidad del Ayuntamiento de Zaragoza sobre el incremento de desplazamientos y los colapsos circulatorios que sufre la capital aragonesa no debe caer en saco roto. Que los responsables de planificar el tráfico aseguren en un foro público que la ciudad ha ganado 200.000 desplazamientos diarios en cuatro años al dispararse el uso del coche frente al autobús y adviertan de que las calles principales están al 90% de su capacidad límite son elementos suficientes como para abordar cambios estructurales en la ciudad. En parte, ya están diseñados en el plan intermodal de transporte, pero este documento ha quedado desgraciadamente minimizado a una supuesta pugna entre defensores del metro y el tranvía. El documento, de estudio inmediato y de aplicación urgente, es mucho más profundo y propone otras medidas más livianas pero que convendría aplicar cuanto antes. La agenda política zaragozana se llena muchas veces, demasiadas, de asuntos de menor interés frente a temas, como el tráfico, trascendentales. Basta el último barómetro municipal, donde los atascos de tráfico se han convertido en la principal preocupación de los zaragozanos. Los munícipes, tanto los del gobierno como los de la oposición, han de entender el mensaje. La movilidad es una cuestión capital para una ciudad que va camino del colapso viario definitivo si no se actúa cuanto antes.