La semana pasada Oslo nos deparó dos buenas noticias que han puesto a India y Turquía en el centro de atención del mundo: el premio Nobel de Literatura para el escritor turco Orhan Pamuk, y el de la Paz otorgado al economista bangladés Mohammad Yunus. Un aplauso para el Comité Noruego que este año ha tenido esa sensibilidad especial para acortar distancias entre dos mundos que algunos se empeñan en distanciar. El atractivo escritor turco, joven a sus 54 años para recibir el Nobel, representa el encuentro de dos civilizaciones que se tocan y se rozan constantemente. Defensor de la adhesión de su país a la Unión Europea, es un buen ejemplo de la fuerza y la bondad de las mezclas. Ama la ciudad donde siempre ha vivido, Estambul, protagonista de una de sus mejores novelas. Lleva cuatro años embarcado en la escritura de una historia de amor ambientada en Turquía y reniega de la teoría del choque de culturas: "La imagen de Oriente y Occidente y su confrontación es una de las ideas más peligrosas de los últimos años". El banquero de los pobres es un genio de las finanzas en sentido inverso. Este hombre guapo, de sonrisa amplia y ojos risueños, ha dado la vuelta al sistema. Los microcréditos dan dinero a los pobres de solemnidad sin avales ni intereses usureros. Ha dicho que su sistema se basa en la palabra y en la dignidad de los que nada tienen porque siempre cumplen. Su genial idea, generada en un país mayoritariamente musulmán, se ha extendido por el mundo. ¿Los banqueros no se sonrojan de vergüenza con el premio?

Periodista y escritora