Me considero heredero de una generación especial, la de las mujeres y los hombres que hicieron la transición a la democracia en España. Muchos de ellos tienen hoy 60 años, la edad que rondaría Antonio Asensio si no nos hubiera dejado prematuramente. Aquella generación trasladó su carácter a nuestra historia, y el carisma, la moderación, la voluntad de acuerdo y la tolerancia que adornaban a muchos de sus miembros imprimieron también carácter en esos años tan singularmente importantes para quienes les sucedimos y para las siguientes generaciones. El Grupo Zeta es, sin duda, uno de los elementos más destacados de aquellos años, y fue, como sigue siendo hoy, uno de los símbolos más importantes de la llegada de un tiempo nuevo, un tiempo de tolerancia y de libertad.

TREINTA AÑOS después de la dictadura, el país que tengo el privilegio de presidir es uno de los mejores del mundo. Somos ya, en términos de PIB, la octava economía, y tenemos la fortuna de vivir y trabajar en un país moderno y desarrollado, vanguardista en muchos ámbitos. Salvando periodos de crisis, han sido tres décadas de crecimiento e innovación. En parte se lo debemos a los socios europeos, que nos ayudaron generosamente a acompasar nuestra economía a la del resto del continente.

Formar parte, no solo por geografía, sino también política y socialmente, del mayor espacio de libertad, desarrollo económico y solidaridad que hay en el mundo, ese espacio que llamamos Unión Europea, fue con toda probabilidad el hecho más influyente en nuestra historia reciente. Veinte años después, la España integrada en Europa es bien distinta de aquel país aislado y algo ensimismado de los años 70. Hoy, España participa activamente en la escena internacional, somos el puente reconocido con Iberoamérica, el mundo reconoce en nosotros un país plural, tolerante, integrador y pacífico, que defiende la solución dialogada y multilateral de los conflictos.

ME SIENTO muy orgulloso de estos 30 años, y continuador de la tarea que emprendió aquella generación de la que formaba parte Antonio Asensio. A partir de aquel activo, tenemos todos una oportunidad extraordinaria para afrontar cuatro grandes desafíos. El primero es mantener la paz y protegerla dentro y fuera de nuestras fronteras. El terrorismo nos ha castigado como a pocos y como pocos estamos empeñados en erradicarlo con la ley en la mano y con la memoria de las víctimas siempre presente.

Tenemos también el compromiso, que quisiéramos que mantuvieran nuestros hijos y nietos, de contribuir a la paz en el mundo, respetando la legalidad internacional, la voluntad de los ciudadanos representados en el Parlamento, y utilizando esa herramienta de paz tan valiosa como es la cooperación internacional.

Nuestra economía, y ese es nuestro segundo desafío, puede y debe fortalecerse para competir mejor en el mundo global. Para ello necesitamos más investigación, más inversión en educación y en ciencia. No basta crecer como ahora: tenemos que crecer de manera más equilibrada. Ese estereotipo según el cual la derecha crea riqueza y la izquierda la distribuye es antiguo. Podemos crecer más y también distribuir mejor el fruto de nuestro desarrollo.

La seguridad es el tercero de los retos. Hay libertad auténtica cuando los ciudadanos están seguros. Tenemos la fortuna de vivir en uno de los países más seguros del mundo, pero tenemos que proteger y mejorar la seguridad en todos los ámbitos: en las calles y en las casas, con más y mejores recursos para nuestras organizaciones policiales; en el trabajo, para reducir la lacra de la siniestralidad; en las carreteras, para que las familias dejen de sufrir la pérdida de vidas por los accidentes de tráfico.

TENEMOS EL desafío, en fin, de situar nuestro país a la vanguardia de los derechos de los ciudadanos. En estas tres décadas de democracia hemos ido levantando esos tres pilares esenciales del Estado del bienestar: el derecho a la educación, el derecho a las pensiones y las prestaciones por desempleo, y el derecho a una sanidad universal. Pero España puede aspirar ahora a los niveles de protección social y de defensa de los derechos sociales que disfrutan los países nórdicos, con un cuarto pilar: el derecho a disponer de ayuda cuando uno no puede valerse por sí mismo, o cuando la necesita para cuidar de los suyos, la ayuda del Estado para garantizar la autonomía personal.

Este nuevo derecho de ciudadanía va a favorecer especialmente a las mujeres, que llevan con más frecuencia la carga del cuidado familiar, lo que en muchos casos dificulta su desarrollo profesional. España quiere ser también nórdica en la promoción de la igualdad de la mujer en todos los ámbitos, para lo cual aprobaremos una ley de igualdad también pionera.

Me siento, pues, administrador de una herencia magnífica: la que nos dejaron los hombres y mujeres de la transición, entre los que estaban también los creadores del Grupo Zeta. Una herencia abundante que ahora nos permite afrontar un futuro luminoso y lleno de esperanza. Confío en que cuando pasen otros 30 años, nuestros herederos cuenten con un patrimonio igual o mayor que el que nosotros mismos recibimos. Con esa voluntad trabajamos desde el Gobierno de España.

Presidente del Gobierno de España