Rasgarse las vestiduras porque Zaragoza haya presentado un presupuesto récord y recurra al endeudamiento es tanto como querer negar el pasado y retrotraer la ciudad al 15 de diciembre del 2004, en vísperas de conocer si era elegida como organizadora de la Expo. Unas cuentas restrictivas no hubieran sido posibles en un momento pleno de necesidades, por lo que la política expansiva del ayuntamiento no habría de llamar la atención ni de la oposición ni de los ciudadanos. Uno de los retos derivados de la Expo era precisamente el que ahora encara la capital aragonesa: gastar más que nunca para prepararse ante el reto del 2008.

Una vez conocida la designación, Zaragoza fue plenamente consciente de que tenía ante sí no solo un desafío organizativo, sino también económico. Cuando en diciembre de 2004, los vicepresidentes del Gobierno central, Pedro Solbes y María Teresa Fernández de la Vega, el presidente aragonés, Marcelino Iglesias, y el alcalde Juan Alberto Belloch, se reunían en Madrid para rubricar el protocolo general de financiación de la exposición internacional de Zaragoza se marcó la pauta que deberían seguir las administraciones. En las obras propiamente Expo, es decir, las que se incluyen en el meandro de Ranillas, la pauta a seguir era la asunción de las necesidades económicas con la siguiente proporcionalidad: 70% Madrid, 15% Aragón y 15% Zaragoza. Y respecto de las obras complementarias, el planteamiento fue muy similar, una vez tasados los compromisos adquiridos, abarcando el catálogo de obras desde la culminación de los cinturones de ronda a los espacios culturales y lúdicos de apoyo al recinto expositivo.

Realizado este análisis, lo que conviene fiscalizar de los presupuestos públicos para el 2007 es la capacidad de dar respuesta a este importante protocolo de inversiones, tasado en el momento de la firma en torno a 1.500 millones de euros. Sería preocupante justo lo contrario de lo denunciado por los líderes de la oposición municipal, Domingo Buesa y Manuel Lorenzo Blasco, que los presupuestos se quedaran cortos y se cayeran de la agenda proyectos básicos para Zaragoza. Y aquí es donde hay que denunciar la exasperante lentitud de las administraciones para dar respuesta a las nuevas necesidades de Zaragoza, tanto las derivadas de la Expo como las que tienen que ver con la modernización de servicios y equipamientos.

EN GENERAL, se aprecian fallos imperdonables en la gestión. Un ejemplo lo encontramos en el desarrollo de los suelos ferroviarios liberados tras la llegada del AVE a Zaragoza, hace ahora tres años, que corresponde a la sociedad Zaragoza Alta Velocidad. Del ritmo que imprima a sus actuaciones esta sociedad depende un impresionante paquete de inversiones públicas garantizadas gracias al convenio entre las administraciones que la forman. El viernes se supo que la urbanización de los suelos ferroviarios liberados con el cierre de El Portillo no estará a punto en el 2008. La sociedad Zaragoza Alta Velocidad se ha comprometido para la fecha de inauguración de la Expo solo a la construcción del apeadero de cercanías, dejando las ocho hectáreas restantes para después del evento.

Las dudas sobre los ritmos que se aplicarán después del evento son lógicas, después de comprobar la exasperante lentitud con la que esta sociedad presidida por Víctor Morlán ha realizado los trabajos de planeamiento y de preparación de las obras. Pero de la urbanización de El Portillo y del entorno de Delicias depende también la modernización de otros muchos servicios y equipamientos para la ciudad.

Aún recuerdo, por ejemplo, cómo la entonces recién nombrada consejera de Salud, Luisa Noeno, afirmaba en un encuentro informal que el Centro de Especialidades que sustituiría al vetusto Inocencio Jiménez tendría presupuesto en el 2005, con inicio de obras en enero. Este edificio se ubica en el entorno de la intermodal, pero a la vista está que en ese sector no hay todavía ni calles, mientras los pacientes del suroeste de la ciudad se ven obligados a acudir a unas instalaciones pésimas. De aquel encuentro han pasado dos años.

El del Inocencio Jiménez es solo un ejemplo, menor si se quiere, pero hay muchos más. La DGA va a ser incapaz de llegar al 2008 con una solución para el teatro Fleta, importante para el evento pero también para la organización de eventos en una ciudad atractiva pero que con las carencias actuales no puede dar abasto. Como tampoco va a culminar el Espacio Goya para entonces. El análisis podría seguir por administraciones y afectaría a casi todas por igual. De ahí que convenga señalar que en un momento de economías necesariamente expansivas se requieren cargos públicos necesariamente activos. El 2008 ha sido una palanca que ha movido muchos acuerdos para la ciudad, y cuando falta solo un año y medio para la inauguración de la muestra sería una pena enzarzarse en debates absurdos. Es lamentable que para la oposición, que podría encontrar tajo para sus críticas en cualquier frente, lo llamativo de las cuentas municipales sea que se vulneran los principios de estabilidad presupuestaria o que el departamento de Urbanismo haya modificado unas cuantas partidas.

El año electoral amenaza con perder a los políticos en absurdos cruces de acusaciones. Y está cada vez más claro que aquellas cuestiones pendientes que la ciudad no sea capaz de resolver en los próximos 600 días --los que quedan para la Expo-- pueden acabar en el olvido. Tardará mucho tiempo en volver a darse una conjunción como la actual, de presupuestos hiperexpansivos y calendarios tan exigentes.

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