Pocos folletos han dado tanto que hablar como el del Museo de Zaragoza traducido al catalán y a la fabla. De hecho, ha propiciado un cruce de cartas en esta sección al que se han ido sumando lectores como Miguel Ánchel Barcos, que une su voz en defensa de la decisión de la DGA. Más allá de la opinión sobre el uso de estas lenguas en una publicación concreta, desde aquí me reafirmo en lo esgrimido en anteriores comentarios. El debate lingüístico en Aragón estaría resuelto si políticamente se hubiera normalizado el uso de estas lenguas desde con una ley.