El ministro de Defensa, José Antonio Alonso, parece el encargado de hacer el enésimo esfuerzo por estrechar las relaciones entre España y Estados Unidos, sensiblemente deterioradas tras la decisión --hace ahora dos años y medio-- del presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, de retirar las tropas desplegadas en Irak. Alonso se entrevistará hoy en Washington con su homólogo norteamericano, Donald Rumsfeld, y presumiblemente le expondrá el innegable esfuerzo militar que está haciendo España en Afganistán y el Líbano, dos conflictos de alto riesgo en los que EEUU está directamente involucrado. En ambos actúan tropas españolas bajo el paraguas de la ONU, a diferencia de lo ocurrido en Irak, donde fue el presidente George Bush quien lideró la invasión sin tener la necesaria legalidad internacional y frente a la opinión de potencias tan importantes como Francia, Alemania o Rusia. Para España es malo que las relaciones políticas con EEUU sean ásperas. Por eso sería deseable que el encuentro de Alonso y Rumsfeld sirviera para aclarar algunos malentendidos. Y no se trata, como maliciosamente apunta la derecha española, de que Zapatero y Bush puedan por fin hacerse una foto juntos. Lo verdaderamente importante es que las fluidas relaciones de todo tipo que se siguen dando entre ambos países no se vean entorpecidas por un encontronazo político producto de una buena decisión de Madrid.