E camino de la mujer para conciliar la vida familiar y la profesional es todavía angosto, pero cada día más llevadero. Al menos, parece muy cómodo si lo comparamos con el de hace unas décadas: el progreso es casi mágico, pero aún subsisten graves obstáculos.

Las jóvenes madres observan con gran inquietud el calendario escolar, plagado de fiestas, puentes y días no lectivos, que las obligan a demandar ayudas excepcionales para atender a sus retoños durante esas horas que habitualmente permanecían en los centros educativos. Puede parecer una cuestión baladí, pero es origen de importantes angustias, no siempre felizmente resueltas. La escasez de guarderías y la dificultad para encontrar plaza en el colegio elegido también contribuyen a enrarecer una situación que suele requerir la ayuda familiar, generalmente de los sufridos y siempre bien dispuestos abuelos. Obviamente, profesorado y trabajadores de centros escolares también tienen derecho al descanso, pero quizá podría suplirse su ausencia mediante personal ajeno y actividades de ocio constructivo. Se puede realizar con éxito; al menos, si el dinero no supone otro problema.

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