Fernando Alonso renovó ayer en Brasil su título de campeón del mundo de fórmula 1 y tomó el relevo definitivo del heptacampeón Michael Schumacher, que abandona el automovilismo deportivo de máxima competición, una especialidad que ha dominado de forma abrumadora hasta hace dos años. Alonso ya era el campeón más joven de la historia, al conseguir su primer título a los 24 años, y a partir de ahora es también el piloto más joven que repite campeonato. El triunfo de Alonso se produce tras una temporada que controló desde el principio, pero en la que se vio acosado al final por el gran Schumacher, que ha luchado hasta la última curva, como lo demostró ayer. En un fin de semana de mala suerte, saliendo del décimo puesto de la parrilla, sufriendo un pinchazo en plena carrera, el alemán acabó cuarto y estuvo a punto de subir al podio en su último gran premio. Schumacher ha sido un campeonísimo hasta el final, y por eso el segundo título de Alonso tiene aún más valor. Un trofeo que el asturiano ha conseguido, además, en un año en el que anunció al principio que la temporada próxima cambiaba de escudería, lo que pudo disparar más de una suspicacia y crear algunos problemas en el equipo.

Alonso no solo logró ayer proclamarse campeón de pilotos, sino que le dio a Renault el título mundial de constructores, lo que significa derrotar a Ferrari y a todas las mejores marcas del mundo, presentes en la fórmula 1.